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OBRA DE TEATRO: ¡Qué me parta un rayo!

Posted in teatro on diciembre 28, 2020 by César Bakken Tristán

Rescato una de mis más de 10 obras de teatro escrita y no estrenadas ¡por quien me toman! participar yo en el círco de la farándula subvencionada o la paupérrima de petimetres…

Es una pieza breve, de un solo acto, para ser representada en escenarios minimalistas y, sobre todo, leída en el escenario más minimalista del mundo, las manos de un lector:

“¡QUÉ ME PARTA UN RAYO!”

Obra escrita por César Bakken Tristán.

Julio de 2014.

 (Dos hombres sentados en una silla , hombro con hombro –compartiéndola– frente al público. Junto a ellos dos viejas maletas de tela, con aspecto de atillo)

Hombre 1

(Varón entre 30 y 40 años)

Qué bien se está aquí

Podría ser mejor, pero no estamos mal, digo yo.

Hombre 2

(Varón entre 40 y 50 años)

Depende de con quien nos comparemos. A todo hay quien gane, amigo.

Hombre 1

 Y a todo hay quien pierda.

(Silencio)

Hombre 2

O tablas.

Hombre 1

No estamos tan mal entonces.

Hombre 2

(Empuja al otro y le tira de la silla)

Ahora estamos mejor.

Hombre 1

(Desde el suelo)

Ya estamos jodiendo…

(Permanece sentado en el suelo, con los brazos apoyados en las rodillas)

Hombre 2

(Mirando hacia arriba)

Parece que, por fin, hoy va a llover.

( El Hombre 1 mira hacia el cielo y luego al Hombre 1)

Aunque desde ahí abajo igual no lo ves. A lo mejor no llueve, pero parece que se va a liar una tormenta de dimensiones épicas.

Hombre 1

(Con hastío)

Ten cuidado, que al estar tan alto igual te cae un rayo.

Hombre 2

No creo, no tengo suerte pa ná. Un rayo, quien lo pillara, amigo, quien lo pillara. Pero yo no tengo suerte. Y si una vez la tuve no la retuve, sin duda.

Hombre 1

No, si al final me caerá a mí.

Hombre 2

A todo hay quien gane.

Hombre 1

(Levantándose y mirando al cielo)

Pues sí, parece que puede llover.

Hombre 2

Ten cuidado que ahora estás más alto que yo. A ver si me vas a quitar el rayo. Lo quiero para mí. Qué gran idea la de esperar a un rayo. ¿Qué dirá hoy mi horóscopo? Igual vaticina, por fin, que es mi último día en este valle de lágrimas. Qué gran colofón sería el rayo. Hay que ir a por él, amigo, hay que conseguirlo.

Hombre 1

(Señalando a la silla)

¿Puedo?

Hombre 2

(Sin apartarse)

Claro.

Hombre 1

(Se sienta en las piernas del hombre 2)

Un cojín no vendría mal.

Hombre 2

Ya, no vendría mal. Este asiento está muy duro.

Hombre 1

Digo un cojín para encima de tus piernas

Hombre 2

(Sonriendo y golpeándose el muslo)

El que tuvo retuvo. Cuadriceps de acero. 15 años corriendo es lo que tiene, amigo.

Hombre 1

Las prisas no son buenas.

Hombre 2

Ya lo sé, quince años me costó averiguarlo. El tabaco, el alcohol, el colesterol y esos menesteres también me ayudaron a averiguarlo, claro.

(Ríe)

Hombre 1

Correr es bueno para reducir el colesterol.

Hombre 2

¿Y eso qué importa?

Hombre 1

Nada, como lo has comentado…

Hombre 2

Tú sabrás, vete a dar vueltas a la manzana, hasta que te marees,  y reduce lo que quieras que yo permanezco aquí esperando el rayo. A ver si hay suerte.

(Mira al cielo y extiende la mano para ver si le cae agua)

Hombre 1

No caerá esa breva.

Hombre 2

Ni nada. Nunca hemos tenido suerte.

Hombre 1

La suerte no existe.

Hombre 2

La mala sí

(Empuja al hombre 1 y le tira al suelo)

Igual nos caga un pajarraco, hay que tener mucho cuidado con lo que nos puede caer del cielo, no todo son cosas buenas como el rayo.

(Silencio)

Hombre 1

(De pie, sacudiéndose la ropa)

Ya estamos jodiendo otra vez.

(Mira a su alrededor)

Por aquí no pasa ni Dios.

Hombre 2

Y eso que debería estar en todas partes. Hoy en día nadie está donde debería. Todos se escaquean. Muchos parecen ubicuos y lo que son es ausentes. Pero mucho mejor así, la tranquilidad urbana es un tesoro que pocos pueden disfrutar, amigo mío.

Hombre 1

Claro, ahí sentado se puede disfrutar.

Hombre 2

Si no te cedo el trono es por mi maltrecha espalda, bien lo sabes. Aún con mis cuádriceps de acero y mi aspecto lozano sabes que mi cuerpo es un saco de escombros. Me duele y me ofende, a partes iguales, que tengas tan poca consideración con un tullido. Quien pudiera tener tu salud y permanecer ahí de píe, enhiesto, como el famoso ciprés. Qué envidia me das.

Hombre 1

(Le mira con extrañeza)

Ya. Si estuviésemos en un parque me podría sentar yo también.

Hombre 2

¿Un parque? ¿esos campos minados por los perros? ¿esos lugares infectados por pequeños homo sapiens que hacen del grito su bandera y por señoras y señores roedores de pipas? Ya hemos hablado muchas veces que los parques no entran en nuestra rutina urbana. Pero no te preocupes, estamos haciendo sólo un alto en el camino, pronto seguiremos y encontraremos un lugar en el que acomodarnos dignamente los dos.

Hombre 1

También será por la hora, lo de que no pase gente por aquí. ¿Qué hora es, por cierto?

Hombre 2

Sabes que no uso reloj. Yo no tengo grilletes.

(Mira al cielo)

Y con esas nubes el sol no nos va a decir la hora.

Hombre 1

(Mirando al cielo)

Bueno, pues nos quedamos sin saberla.

(Se cruza de brazos)

Hombre 2

Mejor. ¿Tienes prisa?

Hombre 1

No

Hombre 2

¿Has quedado con alguien?

Hombre 1

No.

Hombre 2

¿Entonces para qué quieres saber la hora?

Hombre 1

Por saberla, yo qué sé.

Hombre 2

(Negando con la mano)

Mala reflexión, amigo. El conocimiento sin control no sirve para nada. Hay que saber para qué se quieren saber las cosas, ya lo sabes.

Hombre 1

(Extrañado)

¿Qué tengo qué saber que se sabe el qué?

Hombre 2

(Mirando al Hombre 1 con hastío. Mira al cielo)

Nada, que no llueve. Así ni rayo ni ná. Pero antes se ha visto un relámpago, ¿verdad que se ha visto?, no todo está perdido. Paciencia, amigo. Hoy puede ser mi gran día.

Hombre 1

Igual si sostuvieras algo así como una barra metálica atraerías al rayo. Una vez lo vi en una película.

Hombre 2

(Mirándole con extrañeza)

¿Un qué? Si no tengo ni mierdecilla en las uñas.

(El hombre 1 le mira las manos)

Hombre 1

¡Anda que no! ¿y eso qué es?

Hombre 2

(Ofuscado)

Me han cancelado la cita de esta mañana con el manicuro, no te jode ahora el marqués. Hay que tener de todo en la vida. Menos la barra tengo de todo, fíjate por donde de eso que dices no tengo.

Hombre 1

Un hierro se encuentra en cualquier parte.

Hombre 2

¿Sí? Pues hala, vete a buscarlo y hasta que lo encuentres no vuelvas.

Hombre 1

Si fuera para mí todavía iría, pero no voy a hacerle recados a nadie.

Hombre 2

Muy bonito, con amigos como tú… ¿no se quiere manchar las manos el marqués?

Hombre 1

(Descruza los brazos y le señala)

Mira quien fue a hablar, el que no me deja sentarme.

Hombre 2

Pues siéntate, alma de cántaro. Será que no tienes suelo por aquí. Siéntate, marqués. Si no quieres hacerle un favor a un amigo lo dices y no pasa nada. Insisto en que si estoy sentado es por mi maltrecha espalda. Quien pudiera estar gateando por los suelos como un puto indio.

Hombre 1

¿Y por qué no vas tú?

Hombre 2

(Gritando)

¡Por qué a lo mejor cae el rayo aquí y no estoy por estar buscando la barrita de los cojones!.

Hombre 1

Vale, vale, voy a ver si encuentro algo.

(Se va)

Hombre 2

(Mirando el cielo)

Da igual, está aclarando. Si es que no tengo suerte pa ná.

(Aparece una chica –veinteañera­­–  cargada con unas bolsas de la compra. Se la ve sofocada)

Hombre 2

(Se levanta rápidamente y le ofrece la silla)

Buenas tardes señorita, ¿ quiere descansar un poco?

Chica

(Sobresaltada, se le caen las bolsas)

¡Uy!

Hombre 2

Permítame que la ayude.

(El hombre 2 va a por los artículos que se le han caído)

Chica

(Desconfiada y agresiva)

¡Eh! deja eso.

Hombre 2

(Suelta lo que tenía en las manos, con cuidado para que no se rompa nada y se sienta)

Perdón, sólo quiero ayudar…

Chica

¿Ayudar? Pues vaya susto me has dado, joder, saltando como un rayo.

Hombre 2

(Mirándola asombrado)

¿Cómo un qué?

Chica

Pues así, de repente.

Hombre 2

¡Ah! ya me extrañaba a mí lo del rayo, está aclarando

(Señala al cielo)

Chica

(Recogiendo lo que se ha caído de las bolsas)

Vale.

Hombre 2

(Levantándose)

De ninguna manera, permítame que le ayude y haga el favor de sentarse mientras tanto. Acomódese, por favor, acomódese aquí, señorita.

Chica

Deja, ya puedo yo, no se…

Hombre 2

(Gritando)

¡Que te sientes, coño!

Chica

(Asustada y sentándose en la silla)

Tampoco hace falta…

Hombre 2

(Apesadumbrado y recogiendo los productos del suelo)

Perdóneme, no sé que me ha pasado.  Bueno, sí lo sé. Es que llevo un buen rato esperando algo y estoy un poco alterado. Y como encima está aclarando, pues imagínese…

Chica

Vale.

Hombre 2

No es nada fácil que me caiga encima en estas latitudes, lo asumo, pero yo lo espero. La esperanza es lo último que se pierde.

(La chica le mira timorata y el Hombre 2 deja las bolsas junto a ella)

O es lo último que se tiene. En cualquier caso hay que tener esperanza, ¿verdad qué sí? Sin esperanza no somos nada.

Chica

(Mirándole con extrañeza. Se levanta  y coge las bolsas)

Mira, tengo prisa, así que voy a seguir mi camino. ¿Puedo?

Hombre 2

Claro, claro, perdóneme. Qué tenga usted un día fabuloso.

(Se sienta y se queda mirando al cielo)

Chica

(Extrañada ante la actitud del hombre 2)

Oye, ¿te encuentras bien?

(El hombre no contesta y sigue mirando al cielo)

Oye, que si te encuentras bien.

(Le grita)

¡Oye!

Hombre 2

(Mirando a la chica)

Estoy esperando a mi rayo, pero no viene.

Chica

¿A quién?

Hombre 2

A  mi rayo.

Chica

“Mirrayo”, ya, algún amigo tuyo.

Hombre 2

¿Cómo voy a ser amigo de un rayo? Ni que estuviese chalado o enajenado perdido.

Chica

Dices que lo estás esperando

Hombre 2

Qué estupidez ¿Cómo voy a ser amigo de una chispa eléctrica de gran intensidad producida por descarga entre dos nubes o entre una nube y la tierra?

Chica

(Perpleja)

Vale, está bien, yo me voy que tengo cosas que hacer…

Hombre 2

(Levantándose y caminando en círculo)

¿Cómo voy a ser amigo de un rayo? ¡Qué tontería! ¡Qué disparate! ¡Qué me traigan un capirote!

Chica

Oye, que has sido tú el que ha dicho que lo está esperando.

Hombre 2

Y lo estoy esperando

Chica

¿Entonces qué es ese rayo?

Hombre 2

Pues una chispa eléctrica de gran…

(Se sienta, abatido)

¡Bah! no lo entiendes. Nadie me entiende.

(La chica empieza a marcharse)

¡Espera! ¿Podrías decirme la hora?

 (Pregunta mirando al cielo)

Chica

(Saca el móvil del bolsillo)

Las seis y cuarto, casi.

Hombre 2

Gracias, un amigo mío

(Enfatiza)

de carne y hueso, quiere saberla y yo no tengo reloj.

Chica

Ni yo.

Hombre 2

(Mirando a la chica)

¿Entonces cómo sabe la hora?

Chica

(Enseñando el móvil)

Con esto.

Hombre 2

¡Ah! eso que se llama teléfono móvil pero que nadie usa para llamar. Eso sí, lo de móvil es cierto, ahí está la prueba.

Chica

Bueno, tiene muchas funciones y una es que se puede usar para llamar.

Hombre 2

Ya, ¿cuántas veces has llamado hoy?

Chica

¿Hoy? Hoy… pues ninguna.

Hombre 2

(Mirando al cielo)

Si pudieras llamar a mi rayo.

Chica

(Sonriendo)

Le puedo mandar un wasap

(El hombre 2 sigue mirando el cielo)

Chica

Tengo una aplicación meteorológica que puede decirte si habrá tormenta hoy.

Hombre 2

(Mirándola extrañada)

¿Cómo?

Chica

Pues eso, que puedo decirte la previsión meteorológica para todo lo que queda de día en este punto exacto en dónde estamos.

Hombre 2

(Asombrado, levantándose de la silla y señalándola)

¿Aquí?

Chica

Hombre, ahí exactamente no.

(El Hombre 2 levanta la silla)

Hombre 2

¿Dónde está el punto exacto?

Chica

¿Qué?

Hombre 2

Quiero saber el punto exacto en donde caerá mi rayo para ponerme justo en él.

Chica

(Riendo)

Eres un poco rarito, ¿eh?. Mira

(Se acerca a él y le enseña el móvil)

En estas coordenadas hoy pone que estará el cielo nublado hasta las ocho y luego despejará.

Hombre 2

Es muy bueno tu teléfono, sin duda.

(Se sienta, abatido)

Chica

¿Por?

Hombre 2

Porque yo no tengo suerte pa ná, no habrá tormenta.

Chica

Pues ojalá la hubiera, así se quitaba un poco toda esta contaminación que tenemos.

Hombre 2

Me importa una mierda la contaminación. Yo sólo quiero mi rayo.

Chica

Vale, pero de paso si nos oxigenemos un poquito y las calles se limpian también, pues mejor para todos., ¿no?

Hombre 2

Cada uno tiene sus prioridades.

Chica

¿Y para qué quieres un rayo, eres una especie de Dr. Frankestain?

(Ríe)

Hombre 2

(Serio)

Para que me parta.

Chica

Yo si que me parto contigo.

(El Hombre 2 la mira enfadado)

Perdona, perdona, quiero decir que me hace gracia eso que dices del rayo . No es algo que se oiga habitualmente. Por cierto, ¿sabes las pocas probabilidades que hay de que te caiga un rayo?

Hombre 2

Conque haya una ya es esperanzador.

Chica

Vale

Hombre 2

Pero aunque hubiera un 99 %  seguro que no me caería, no tengo suerte pa ná. Además, contigo aquí ­–y mi amigo cuando vuelva – mis posibilidades bajan. Procurad poneos a unos metros de mí.

Chica

¿Y…? ¿Puedo saber por qué quieres que te pase eso?

Hombre 2

Porque estoy cansado, quiero descansar por fin y disfrutar del sueño de los justos. Y, demás, no me gusta la vulgaridad.

Chica

Vale.

Hombre 2

La gente es muy vulgar, todos son tan previsibles. Hasta para morirse. No te creas que hay muchas opciones divertidas para hacer eso. Estamos invadidos por la vulgaridad. Y puesto que vamos a morir sí o sí, pues yo quiero hacerlo de una manera digna y original.

Chica

(Cogiendo las bolsas)

Vale, pues ahora creo que si tengo que irme. Si no meto esto en el frigorífico se va a estropear.

Hombre 2

No quiero morir en un hospital, ni en la cama, ni de viejo, ni en un accidente de coche.

Chica

Vale, pues yo me…

Hombre 2

(Enfadado y subiendo el tono de voz, pero sin gritar)

Tampoco quiero morirme como un gilipollas porque no se me abra el paracaídas, o por resbalar en la ducha, o por atragantarme con un hueso de un puto pollo.

Chica

Vale, nada encantada de…

Hombre 2

Quiero morir de una manera épica, hiperbólica.

(Grita)

¡Qué me parta un rayo! Esa sí que es una buena forma de morir. Imagínese mi epitafio: “murió partido por un rayo” Solo por eso habrá merecido la pena mi vida, vaya que sí.

Chica

Eres muy rarito, te lo digo de verdad. ¿Nunca te lo han dicho?

Hombre 2

(Mirándola con hastío)

¿Usted qué cree?

(Silencio)

Llegados a mi edad y con mis circunstancias la vida no es una opción muy halagüeña. Estoy harto de ser un esclavo.

Chica

Eso no es motivo para no disfrutar de la vida. Todos lo somos, todos somos siervos de alguien

Hombre 2

(Enfadado)

¿Cómo dices? ¿Siervo? ¡Eso nunca!

Chica

Pero si acabas de decir que estabas harto de…

Hombre 2

(La interrumpe y se levanta)

¡De ser un esclavo! ¡No tiene que ver nada con un siervo! Los siervos sirven por propia voluntad o porque no saben vivir de otra manera, o por mezquino interés. A los esclavos nos obligan a estar esclavizados, nos quitan la libertad, nos oprimen y nos dejan sin vida auténtica.  Y ahora sin cadenas, para que no nos enteremos de lo que somos. No confundamos los términos, señorita, por favor, no caigamos en esos nefastos errores.

Chica

Vale.

Hombre 2

El mundo se divide en opresores y oprimidos. Los esclavos somos todos oprimidos, pero los siervos son también opresores. Los siervos tienen esclavos. Los esclavos no tenemos nada.

(Se mira las uñas)

Sólo mierdecilla en las uñas, eso es lo único que tenemos.

Chica

No acabo de entenderte, la verdad.

Hombre 2

(Tocándose la sien con el índice)

¿Eres cortita o qué?

Chica

(Enfadada)

¡Oye!

Hombre 2

(Se sienta)

Perdóneme, señorita, no quería faltarle al respeto. Era una frase hecha. Ni sé ni me importa su coeficiente intelectual o a qué se dedica usted.  Si es opresora u oprimida. Me da soberanamente lo mismo. Es usted un espíritu libre, por supuesto, y como tal he de respetar su forma de vida.

Chica

Vivo en este barrio, no creo que tenga muchos siervos o esclavos a mis órdenes.

Hombre 2

(Mirando a su alrededor)

¿Este  barrio? ¿Qué tiene este barrio de malo para no poder tener siervos o esclavos?

Chica

Lo que no tiene es gente poderosa. Salta a la vista. Aquí todos somos iguales. Todos obreros.

Hombre 2

¿Iguales?

(Ríe)

Nadie es igual a nadie. Y la esclavitud y la servidumbre no son patrimonio de la clase alta. Por ejemplo, cuando antes la he ofrecido sentarse y recogerle los artículos caídos de sus bolsas me he convertido en un pequeño siervo de usted. Pero da igual discutir de esto aquí y ahora, no tiene sentido. Cuando un hombre está desafiando a su destino y está buscando una muerte colosal no a lugar a este tipo de conversaciones, señorita

Chica

Vale. ¿Y ya que tienes tantas ganas de irte de este mundo no has pensado en el suicidio?

Hombre 2

(Levantándose enfurecido y gritando)

¿Suicidio? ¿Está loca o qué? ¿Se ha dado un golpe en la ducha esta mañana? ¿Su madre le retiró el pecho antes de tiempo? En la vida se me ocurriría algo así. Me pasaría la vida en el purgatorio.

(Se sienta)

Chica

(Deja las bolsas en el suelo)

Vale.

Hombre 2

(Ríe)

¿Se lo ha creído? Eso del purgatorio, digo. Yo soy ateo total.

Chica

Hombre, no sé ya que pensar de ti.

Hombre 2

No me suicidaré nunca porque eso es de cobardes. Yo quiero que me parta un rayo, con dos cojones. Ahí, él contra mí.

(Abre los brazos en cruz y mira al cielo)

Pero no tengo suerte pa ná. Seguro que si me cae encima me chamusca un poco y no me parte. Puto rayo de los cojones.

(Grita)

 ¡Aquí te estoy esperando, montón de mierda, a ver si tienes huevos a caerme encima!

Chica

(Cogiendo las bolsas)

Vale, que tengas suerte, me voy ya que si no…

(Aparece el Hombre 1. Lleva un palo de madera en las manos y un trozo de alambre)

Hombre 1

Esto es lo que he encontrado.

(Mira a la chica)

Hola

Hombre 2

(Coge el palo y el trozo de alambre. Se automasajea la frente)

A ver si no es misericordioso el Señor. ¿Qué quieres que haga con esto? ¿Pero qué mierdecilla es esto? ¿No sabes que la madera no es conductora de la electricidad? Esto es un puto aislante, ¿qué quieres que me ponga a luchar con el rayo como si fuera d´Artagnan?

Hombre 1

No he encontrado nada más. La gente cada vez tiene menos cosas que tirar, o somos muchos recogiendo basura, una de dos.

(Entusiasmado)

Igual si le atas el alambre en la punta…

Hombre 2

Y encima está recubierto de plástico.  El plástico es también un aislante, mendrugo. Un momento.

(Examina el palo)

¡Pero si esto es un palo de escoba! ¿le has robado a un barrendero?

(El hombre 1 agacha la cabeza)

O peor aún, ¡crees que tengo cara de barrendero!

(Mirando a la chica)

Con todos mis respetos hacia ellos, señorita, pero yo no nací para barrer la mierda de nadie. ¡Buah!

(Tira el palo y el alambre al suelo. Se sienta)

No tengo suerte pa ná. Tendríamos que cambiar de barrio, aquí ya nadie tira nada útil, manga de obreros, joder.  En un barrio residencial tendríamos que estar ahora, ahí seguro que tiran hasta pararrayos, eso es lo que necesitaríamos ahora, un buen pararrayos.

Chica

Perdonadme, pero creo que sí puede servirte el palito.

Hombre 2

¿Todavía está aquí?

Chica

Sí, sí, la verdad es que tiene su punto todo esto. Y ahora con este

(señala al Hombre 1)

más todavía. Verás, bueno, veréis; la imagen más típica de un rayo es partiendo un árbol, ¿vale?¿Y de qué están hechos los árboles?

Hombre 1

(Levantando el brazo)

Yo lo sé, de madera y hojas.

(El Hombre 2 le mira con hastío)

Y raíces, que están por debajo. Aunque a veces salen de la tierra, yo he visto…

Hombre 2

(Interrumpiéndole)

Calla membrillo y deja que la señorita continúe con su interesante exposición.

Chica

Vale, pues eso. Si un árbol puede ¿por qué no vas a poder tú con el palo? ¿o mejor poniéndote bajo un árbol?

Hombre 2

Un rayo cae en un árbol cuando hay tormenta, porque es alto y está mojado por la lluvia. Y sobre todo por los líquidos internos que tiene, como la savia, las sales minerales y el agua

(Mira al Hombre 1)

Porque el agua sí es conductora de la electricidad.  ¿Veis algún árbol por aquí? ¿veis alguna nube de tormenta por allí?

(Señala al cielo)

 Aunque mejor que no haya árboles, la competencia me resta probabilidades.

Hombre 1

Entonces mejor tener el palo por si acaso

Hombre 2

Mira, el palo te lo vas a meter por…

Hombre 1

En verano las tormentas aparecen cuando menos se esperan.

Hombre 2

Anda dame el palo, a ver si con un poco de suerte llueve y hacemos juntos de pararrayos rústico. Aunque como no tengo suerte pa ná… El pez chico siempre se la come al grande.

(Mira a la chica)

Con perdón, señorita.

Chica

(Ríe)

No, si a mi la vida sexual de los peces como que me da igual.

Hombre 1

(Pensativo)

¿El pez chico se la come…? Creo que no es así.

Chica

Hay que ser optimistas

(Mirando el móvil)

Aquí pone que más de mil personas mueren al año por la caída de un rayo.

Hombre 2

Ya, más de mil… de más de seis mil millones que somos. Todo un dato esperanzador. ¿Qué porcentaje tengo? 

Chica

Bueno, algo es algo. También pone que por la caída de un coco mueren ciento cincuenta al año, tienes más posibilidades que los del coco, aquí lo dice.  Algo es algo.

Hombre 1

(Entusiasmado)

Si nos ponemos debajo de un árbol del coco tenemos más posibilidades tanto por el coco como por el rayo, ¿eh?

Hombre 2

(Mirándole con hastío)

Eso que tú llamas árbol del coco es un cocotero. Es una palmera, y aquí no hay ni un puto cocotero. Como no vayas a la frutería, compres un coco y me infles a cocotazos en la cabeza me parece a mí que no entró en la estadística.

(Mirando a la chica)

¿Pone en su teléfono si de los 150 alguno muere de esta manera?¿a cocotazo limpio?

Chica

Espera que lo busco.

Hombre 2

(Levantando los brazos al cielo y gritando)

¡Venga coño! deje ya el telefonito.  Y tú, anda, dame el alambre.

(El hombre 1 le da el alambre. El Hombre 2  ata el alambre a la punta del palo y lo sujeta como si fuera una lanza)

Total, por sujetarlo no pierdo ná.

Chica

(Riendo)

¡Uy! qué mono.  ¿Te puedo sacar una foto?

Hombre 2

¿Una foto? Bueno, como quiera, inmortalice el momento.

(La chica se pone delante de él, con el móvil)

¿Haces las fotos con eso? Joder, menos para llamar, se usa para todo ese trasto, lo que yo le diga.

(El Hombre 1 se pone junto al Hombre 2)

¡Fuera mequetrefe! la foto es para mí.

(El Hombre 1 se aparta)

Chica

Pero bueno, déjale que salga él también.

Hombre 2

Después, pero la primera yo sólo. Con mi palo busca rayos. Espere que lo alzo.

(Se levanta y alza el palo. Mira al cielo y grita)

¡Vamos, te estoy esperando!, ¡A ver si tienes huevos a caerme encima! ¡No te tengo miedo!

(La chica hace la foto)

Chica

Ya está.

Hombre 2

Albricias.

(Mira al Hombre 1)

Vente pa´ca amigo, que nos retrate esta señorita.

Hombre 1

A ver si va a caer el rayo ahora que le estás provocando.

Hombre 2

¿Qué va a caer?  Ojalá

Hombre 1

(Se pone junto al Hombre 2 y mira timorato al cielo)

Sácala rápido, por si acaso.

Chica

Ya está. Habéis salido muy bien. Mirad.

Hombre 2

Ya sé que he salido bien, no me hace falta comprobarlo.

Chica

Vale. ¿Os la envío?

Hombre 1

¿Cómo?

Chica

Que si os la envío

Hombre 1

Claro, envíala a la calle Río Bravo 75, 3º izquierda, código postal 28…

Hombre 2

(Le da con el palo en las piernas, suavemente)

Melón, deja de decir gilipolleces. Se refiere a si te la envía cibernéticamente.

Hombre 1

¿Ciber qué?

Hombre 2

(A la chica)

No se moleste, señorita, no tenemos e-mail, teléfono móvil, ni martingalas por el estilo.

Chica

Puedo imprimir la foto y mandársela por correo, no hay problema.

Hombre 1

Eso, eso. Código postal 28038.

Chica

(Al hombre 2)

¿Y a usted?

Hombre 2

Ná, déjate de fotitos, no tengo donde ponerla.

(Susurrando sin que lo oiga el Hombre 1)

Y a este no le envíe nada, a saber quien vivirá ahora en esa dirección.

(En tono normal)

Eso sí, si captas cuando me caiga el rayo, esa foto sí quiero que la envíes a todos los lugares del mundo que puedas. ¡Qué todos vean que por una vez en la vida he tenido suerte! 

(Al hombre 1)

Y luego pones la foto en mi tumba, como esos que ponen los retratos de los fiambres. Yo quemado por el rayo. Qué gran foto.

(A la chica)

Esté atenta y preparada con la cámara, que un rayo cae en milésimas de segundo. Ahora sólo necesito un epitafio acorde con tan espléndida fotografía.

Hombre 1

¿Un qué?

Hombre 2

A ver qué piense uno. Toma, sujétame el palo.

(El Hombre 1 coge el palo temeroso y mirando al cielo. Lo sujeta apartado de su cuerpo y lo deja en el suelo.)

No sé qué poner exactamente.

( A la chica)

¿Usted qué opina señorita?

Chica

¿Yo? Bueno, eso de los epitafios me da mal rollo.

Hombre 2

“Aquí yace un tío quemado por la vida” ¿qué os parece?

o este: “Más quemado que la moto de un hippie”

Hombre 1

(Riendo)

Y podemos ponerte un cartel de esos de peligro que hay en los postes de la luz.

Hombre 2

No es mala idea. Bien pensado, amigo.

Chica

(Riendo)

Estáis fatal.

Hombre 2

(Abrazando al Hombre 1)

Qué gran forma de yacer, amigo, qué gran forma de yacer. Sólo por eso ya hubiera merecido la pena vivir. Ya me imagino al enterrador enchufando sus electrodomésticos a mi tumba. ¡Menuda energía que habrá allí dentro!  ¡Esto merece un brindis!

(A la chica)

Señorita, ¿no tendrá usted algo de beber en esas bolsas? Por supuesto se lo abonaremos.  Podríamos ir a un ultramarinos, pero se perdería el encanto del momento.  La magia de lo espontáneo y efímero.

Chica

(Sacando un zumo de la bolsa)

Tengo zumos.

Hombre 2

¡Quite, quite! ¡Brindar con zumo! ¿estamos todos locos? Habrá que ir al ultramarinos más cercano entonces.

(Al hombre 1 y rebuscando en los bolsillos)

Ve y compra unas cervezas, porque dudo que tengan Cava en ese lugar. Mañana te lo pago, que ahora no tengo efectivo encima.

(El Hombre 1 hace un gesto de impotencia y de no tener dinero tampoco)

Vaya contratiempo.

(A la chica)

¿Ha mirado bien en las bolsas?¿seguro que no tiene otra cosa que no sea… cómo se llama… zumo?

Chica

Puedo ir yo a comprar.

Hombre 2

¡No! eso nunca. Habiendo dos hombres sería intolerable. Déle… que digo déle, préstele algo de dinero a mi amigo y que compre él. Ya se lo devolveremos.

(La chica saca un billete de cinco euros del bolsillo)

Pregunta si hay cava, nunca se sabe en esos lugares, pueden sorprendernos. Y si no, cerveza, como para una boda amigo, compra como para una boda. Esto hay que celebrarlo por todo lo alto.

Hombre 1

Lo que me den por cinco euros.

Hombre 2

Vaya, una boda de tercera, pero brindaremos que es lo que importa. Ve y no tardes en volver, no vaya a ser que mi rayo llegue antes y no podamos brindar.

(El hombre 1 se marcha)

( A la chica)

Señorita, usted esté atenta y con la cámara preparada. Qué gran día hoy, y eso que ha empezado soleado.

Chica

¿Es la primera vez que vienen por este barrio? Llevo un año aquí y nunca les había visto.

Hombre 2

Nosotros somos libres como el viento, ágiles como la gacela. No tenemos ubicación fija.

Chica

Por el trabajo, claro.

Hombre 2

¿Qué coño el trabajo? por la vida. 

(Se levanta y grita)

¡Abajo el trabajo!

Chica

Vale.

Hombre 2

Aunque a veces si nos movemos por el trabajo… por el trabajo de los demás. Cada vez que oímos una obra huimos despavoridos. ¿Estamos todos locos? ¿Cómo se puede estar junto a tanto ruido? ¡ni el dinero lo justifica! ¡abajo las radiales y los taladros!. “Ruidales y teladro” las decimos nosotros a estas máquinas endemoniadas.

(Ríe)

Dicen que en este país un obrero trabaja y diez miran. Yo opino que es una verdad a medias, pues uno trabaja, diez miran y 10.000 personas inocentes se joden. Por suerte nosotros no tenemos raíces y podemos cambiar de aires cada vez que este se contamina acústicamente. Ya del otro tipo de contaminación es imposible huir, tendríamos que irnos a otro planeta y no nos seduce mucho la idea. Y su viabilidad menos aún.

Chica

Jolin, vaya charla

Hombre 2

(Sonríe y se sienta)

¿Usted trabaja, señorita?

Chica

(Señala a las bolsas)

Claro, ¿si no cómo podría comprar esto?

Hombre 2

¿Comprar? ¿Usted trabaja para comprar?

Chica

No

Hombre 2

¿Entonces para qué trabaja?

Chica

Pues para poder vivir.

Hombre 2

¿Para poder vivir? Curiosa teoría. No sé que opinaría Darwin de eso. O cualquier galeno, esos funcionarios con bata blanca, esos matasanos.  Ya imagino sus diagnósticos: señor, tiene usted un cáncer de la hostia, le receto un trabajo, con eso vivirá. Eso sí, que no le despidan o el cáncer de la hostia le matará (Ríe).

Chica

(Sonriendo)

No me has entendido. Digo que necesito el trabajo para vivir.

Hombre 2

(Levantándose)

La vacuna definitiva, por fin la panacea… el trabajo. ¿Sirve cualquier trabajo o ha de ser uno cualificado?

Chica

(Sonriendo)

Vale

Hombre 2

(Gritando)

¡Quiero ser empresario! ¡Quiero curar a los enfermos dándoles trabajo! ¡Seré el jefe demiurgo! ¡el curandero laboral!

Chica

(Riendo)

Estás fatal

Hombre 2

(Se sienta)

Qué cosas, ¿eh? Será por eso que dicen que el trabajo es salud.

Chica

Sí, eso dicen.

Hombre 2

(Se levanta y grita)

¡Pues si el trabajo es salud, qué trabajen los enfermos, coño! ¿Ve? ahí está la cura de todos los males, y los científicos perdiendo el tiempo. Más capataces y menos científicos es lo que necesita este mundo.

(Se sienta)

Por eso yo no tengo trabajo, porque no quiero vivir.

(Mira al cielo)

Pero me parece que hoy no va a ser mi despedida

Chica

No entiendo esa insistencia tuya en no querer vivir.

Hombre 2

No hace falta que la entienda, sino que la respete.

Chica

Vale

Hombre 2

Para un espíritu libre como yo estar vivo es algo complicado, pues es algo que no he elegido. Nunca hago cosas que no quiera hacer. Eso sí, entre usted y yo le confieso que hay muchas cosas que quisiera hacer y no puedo.

Chica

Ya.

Hombre 2

Alguien debería preguntarnos si queremos nacer.

Chica

¿Y cómo van a preguntarnos si no estamos vivos?

Hombre 2

No sea tiquismiquis, coño. ¿Y yo qué sé? Pero debería ser así. Nadie te pregunta si quieres venir al mundo. En cambio todos te preguntan por qué quieres dejarlo, como usted ahora, por ejemplo.

Chica

Te lo he preguntado porque no es algo que se oiga habitualmente. No quería molestarte.

Hombre 2

No me ha molestado.  Pero estoy harto de que cualquier imbécil, cualquier palurdo de medio pelo pueda jugar a ser Dios y crear vida sólo por tener unos genitales y un aparato reproductor en perfecto estado. Si todavía naces del coño de una multimillonaria…

Chica

Vaya, qué fino eres.

Hombre 2

Perdone, es la costumbre de no hablar con señoritas delante. Rectifico entonces, rebobino

(ríe)

pues si naces con un pan debajo del brazo, con ese puto pan la vida ya empieza bien. Pero no, la mayoría nacemos como Jesús, en un pesebre. Aunque a él no le fue mal, dicen. Pero otros crecemos apesadumbrados.

Chica

Sí, eso dicen.

Hombre 2

Pero para el resto de los mortales, nacer pobre es vivir condenado al sufrimiento, a la penuria, al ultraje, a…

Hombre 1

(Llega con una botella de sidra)

¡Ya estoy aquí!

Hombre 2

(Levantándose)

¡Bien! Déjame que haga los honores

(Coge la botella y la mira con desprecio)

Bueno, no es un Dom Perignom precisamente.

Hombre 1

Es lo que había.

Hombre 2

(Le da unas palmaditas en la espalda)

Está muy bien, amigo. Gracias por traerlo. Bien, vamos a brindar con esto. Sidra el Gaitero, famosa en el mundo entero, ¡qué coño! Que le den por el culo al Champagne y al cava.

(Descorcha la botella)

¡Brindemos!

Chica

¿Y los vasos?

Hombre 2

Me cago en Dios, es verdad. Nos falla la logística. Pues a morro, como toda la vida.

(Le ofrece la botella a la chica)

Chica

No, gracias.

Hombre 2

(Gritando)

¡Cómo que no! A beber, que son dos días.

Chica

Vale.

(Bebe y se la devuelve. Bebe y se la pasa al Hombre 1)

Hombre 1

¡Salud!

(Bebe)

Hombre 2

(Extendiendo la mano)

¡Eh¡ amigo, esa botella ha pagado billete de ida y vuelta.

Hombre 1

(Le da la botella)

Hablando de vueltas, toma

(A la chica)

ha sobrado esto.

Hombre 2

(Le da un manotazo en la mano y las monedas caen)

¡Pero bueno! ¿Estamos todos locos? ¿hemos perdido el norte definitivamente? ¿ya no nos queda ni un mínimo de caballerosidad ni de orgullo?

Hombre 1

(Recogiendo las monedas)

El dinero es suyo y ha sobrado esto.

Hombre 2

Para ya, alma de cántaro. ¿Pretendes que a la señorita le devolvamos calderilla? Habrá que devolverle el billete que nos prestó. Anda y vuelve al ultramarinos infame en que has comprado esto y gasta las vueltas en otra botella.

Hombre 1

No hay suficiente.

Hombre 2

¡Pues en pipas! ¡O en lo que sea! pero no vuelvas con las vueltas.

(El hombre 1 se va)

Chica

Oye, que no quiero que me devolváis nada. Además, me parece que eres un poco duro con tu amigo, pobrecillo.

Hombre 2

¿Duro? para nada. Sólo le impongo la disciplina que le hace falta. La vida no merece la pena, pero sin disciplina ya es un disparate grotesco. Una continua burla del destino.

(Bebe)

Chica

¿Disciplina? ¿Eres militar?

Hombre 2

(Atragantándose y tosiendo)

¡Ja,ja,ja! ¿Militar yo¿ ¡ja,ja,ja! Jamás me habían insultado con eso.

Chica

Vale. Lo decía por eso de la disciplina.

Hombre 2

(Dejando la botella en el suelo y paseando en vaivén)

La disciplina no tiene nada que ver con lo marcial, por favor, no nos confundamos de esa manera. La disciplina es un arte de la moralidad. Sin disciplina no hay nada.  El ser humano se diluiría como un irrisorio hielo en un charco. Pero entiendo lo que quiere decir.  Mi amigo es mi amigo porque yo soy su amigo a la vez. Y cada uno tenemos unas carencias y necesidades que el otro cubre. Si no, no sería mi amigo. Y sin disciplina no somos nada. Ni yo soy duro con el ni él blando conmigo. Él me impone la suya y yo a él la mía. Así nos complementamos. ¿Comprendes?

Chica

(Confusa)

Ummmm… pues no, la verdad.

Hombre 2

¡Eso es porque no está disciplinada! ¿ve como sí que es necesaria?

Chica

¿Cómo?

Hombre 2

Qué aproveche.

(Coge la botella y bebe)

Chica

¿Qué?

Hombre 2

La comida, que aproveche la comida

Chica

¿Cómo?

Hombre 2

Qué aproveche.

(La chica hace un gesto de impotencia y el Hombre 2 ríe)

Chica

(Coge las bolsas)

Vale, me marcho, que ya es tarde.

Hombre 2

¡Pero bueno! Si todavía no hemos acabado de festejar.

(Le ofrece la botella)

Chica

(No coge la botella)

¿Qué estamos festejando?

Hombre 2

¿Qué estamos festejando? ¡Pues que me parta un rayo!

Chica

¡Ah!, es verdad, ya me había perdido entre tantas cosas.

Hombre 2

No se pierda nunca señorita, siempre hay que saber dónde está el norte, para tener la opción de ir al sur, al este o al oeste. Este brebaje, si no se toma frío, puede acarrear funestas consecuencias gastrointestinales.

(Bebe y le ofrece la botella a la chica)

Chica

No, gracias, ya he tomado suficiente.

Hombre 2

¿Suficiente? 

Chica

Sí.

Hombre 2

Me parece estupendo

(Bebe)

¿Ve?, ya ha tomado una decisión, se ha disciplinado.

(Se sienta, termina la botella y la deja en el suelo. Coge el palo y se apoya en él)

Ahora sólo nos queda esperar el milagro.

(Mira al cielo)

¿Qué pone en su móvil sobre mi rayo? ¿Viene o va?

Chica

No sé

Hombre 2

¡Pues mírelo, señorita, mírelo!

Chica

¡Eh¡ un momento, deja de darme órdenes.

Hombre 2

Señorita, la insubordinación no es compatible con la disciplina.

Chica

¿Insu…?

(Guarda el móvil y coge las bolsas)

Mira, me largo ya, no sé ni por qué me he parado aquí.

Hombre 2

Nadie sabe por qué se para o por qué camina. Bueno, nadie que no tenga a un superior dándole órdenes.

Chica

Tiene gracia que tú hables de eso, cuando no dejas de dar órdenes.

Hombre 2

¿Órdenes? No señorita, yo lo que doy son consejos. Sólo expreso mi humilde opinión sin esperar nada a cambio. Y, si me permite el atrevimiento,  y sus quehaceres se lo consienten, le pediría que se quedara un poco más.

Chica

¿Por?

Hombre 2

No está bien que le haga el feo a mi amigo, que ha ido a por pipas –o Dios sabe qué– para nosotros. Si usted se va su disciplina se verá frustrada. No es justo.

Chica

(Deja las bolsas en el suelo)

Cada vez te entiendo menos, o más. No sé que es peor.

Hombre 2

(Coge la botella y comprueba que está vacía)

¿Seguro que no lleva algo para brindar en esas bolsas? ¿ha mirado bien?

(Aparece el Hombre 1, con una bolsa de pipas y chicles)

Hombre 1

Esto es lo que he podido conseguir. He comprado chicles para que no sobrara nada, como dijiste.

Hombre 2

(Se levanta)

Bien hecho. Siéntate, amigo, te lo has ganado.

(El Hombre 1 se sienta. Coge la botella y ve que está vacía)

Hombre 1

¡Eh! no me habéis dejado ni una gota.

Hombre 2

Era poco, amigo, era poco. Deberíamos conseguir más, pero no tenemos efectivo.  Una lástima, así sería más grata la espera del rayo, que duda cabe que lo sería.

Hombre 1

Si por lo menos pasara alguien por aquí podríamos poner la gorra y cantar unas soleas o algo.

Hombre 2

(Mirándole enfadado)

¡Pero bueno! ¿pedigüeños? Hasta ahí podríamos llegar. Yo no vendo mi talento por cuatro duros.

Chica

Si queréis puedo daros otros cinco euros.

Hombre 2

¿Darnos? ¿cómo que darnos? Lo de antes ha sido un préstamo.

Chica

Vale, pues podría prestaros cinco euros más. A mí no me hacen falta ahora.

Hombre 2

Me parece abusar de usted, señorita. Si por lo menos pudiera hacerle un pagaré o un cheque a la portadora. Pero no he traído la chequera conmigo, todo un descuido por mi parte.

Chica

(Le ofrece el billete)

No hace falta, me fío de vosotros.

Hombre 2

(Coge el billete y mira al hombre 1)

¿Ves? todavía queda gente buena en este mundo, gente que confía en la palabra de dos caballeros que acaba de conocer.

(Mira a la chica)

Si hubiera más gente como usted, señorita,  quizás yo no estaría buscando mi rayo.

(Al  hombre 1, dándole el billete)

Toma, trae más brebaje, por favor, amigo. Tenemos que seguir celebrando la vida.

Hombre 1

¿No estábamos brindando por lo del rayo y…?

Hombre 2

Buena memoria, sí señor. Claro, pero podemos brindar por varias cosas buenas a la vez, no seamos amebas. Somos seres humanos, somos capaces de hacer varias cosas a la vez. ¡Hala! ve raudo y tráenos algo para seguir brindando por la vida.

(El hombre 1 se marcha)

Chica

Ese motivo para brindar me gusta más que el otro.

Hombre 2

Para gustos los colores. Cualquier motivo es bueno para brindar. Si estamos contentos, para celebrar, y si estamos tristes, para olvidar. El caso es brindar y el motivo es lo de menos. Yo brindo cada día. Y cuando me parta el rayo espero que usted brinde por ello.

Chica

(Ríe)

Lo haré, no te preocupes.

Hombre 2

Y no se olvide de la foto y de ponerla en mi tumba. Aunque no capte el impacto sáqueme churrascado, algo es algo.

Chica

Vale

Hombre 2

¡Y el epitafio! ¿Cuál elegimos al final?: “Aquí yace un tío quemado por la vida” o “Aquí yace un tío más quemado que la moto de un hippie”.

Chica

(Ríe)

A mi me gustan los dos.

Hombre 2

Pero deberíamos tener más alternativas. No es cuestión baladí esta.

(Pensativo)

Vamos a ver…

Chica

“Los gusanos no van a tener casi nada que comer”

Hombre 2

“Aquí yace un tío más tostao que un sueco en Benidorm”

Chica

“Los bomberos no pudieron hacer nada por él”

Hombre 2

(Ríe)

Son todos buenos, deberemos elegir uno democráticamente. Cuando venga nuestro amigo, después de brindar, elegiremos uno. No vaya a ser que me caiga el rayo antes de haber elegido. Yo quiero participar en la votación.

Chica

Lo haremos todo democráticamente.

Hombre 2

Será una de las pocas cosas democráticas que haya visto este país. El pueblo por fin podrá elegir libremente. Bueno, una representación del pueblo, nosotros tres.  Pero esto es simplemente un Congreso, una Cámara legislativa popular callejera. Luego les corresponderá a mi amigo y a usted ejecutar la decisión que adoptemos. Y no quiero que en mi ausencia se pongan a discutir como si fueran un Gobierno cualquiera. No amancillen mi nombre, se lo pido por favor.

Chica

Vale.

Hombre 2

Es un acto de mucha responsabilidad el que tendrán entre manos. No es cuestión baladí, insisto.

Chica

No te preocupes, tu amigo parece un hombre coherente, y yo…

Hombre 2

Usted es pura virtud, señorita. Salta a la vista. Confío plenamente en ustedes. Ahora sólo falta que el rayo colabore. Y como yo no tengo suerte pa ná…

(Mira al cielo)

No sé yo, no parece muy comprometido con la causa.

(Levanta el palo y grita al cielo)

¡Vamos, mequetrefe! No jodas nuestro plan. Puesto a caer en cualquier lado hazme ese favor y cáeme encima.

(Llega el hombre 1)

Hombre 1

Aquí está esto.

(Abre la botella y bebe)

Hombre 2

Pero bueno, qué modales, las señoritas primero.

Hombre 1

Ya, como antes que me he quedado sin nada.

Hombre 2

(Mirando a la chica)

Va a ser más difícil de lo que pensábamos lo suyo con él. Igual tendrá que dar un golpe de estado. Que no le tiemble el pulso llegado el caso y si tiene que ejecutarle, adelante. Pero no lo entierre conmigo, quiero estar tranquilo.

Hombre 1

(Dándole la botella al hombre 2)

¿Me he perdido algo?

Hombre 2

Hemos decidido que cuando me parta el rayo tú y la señorita os comprometáis a llevar a buen fin lo de mi entierro y el epitafio.

(Le ofrece la botella a la chica, que la rechaza. El hombre 2 bebe)

Lo primero es elegir el epitafio oficial. Pero antes, ¡brindemos!

(Alza la botella)

¡Por nosotros, por la vida y por mi rayo!

FIN

© César Bakken Tristán. Madrid. 2014.