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NUEVOS CRUZADOS

Posted in Relatos on febrero 21, 2008 by César Bakken Tristán

NUEVOS CRUZADOS

 “Un furor impío hierve horrible e interno en sus labios sangrientos”  VIRGILIO.        La noche dominaba hacía tiempo. El tiempo avanzaba cansinamente conforme se hacía el camino. El camino, opaco, dificultaba mi deambular. Mi deambular era torpe. La resaca tenía serias posibilidades de aparecer dentro de unas diez horas.

     Una ráfaga de viento golpea mi cuerpo, y con ella unos exabruptos coléricos. Mi curiosidad se dirige hacia la caja de Pandora, abierta a la vuelta de la esquina. Truenos de odio ensordecen mi mente, rayos de ira ciegan mi anhelo. Un grupo de unos quince valientes acosa a un, seguramente, peligrosísimo moro. La mecha del odio está encendida sin que yo sepa quien lo ha hecho. Sólo sé que va a estallarle de lleno al moro.

     Viendo los empujones, amenazas y golpes que gastan los esbirros de Don Pelayo, decido armarme de valor y poner un punto de sosiego en la Cruzada. Gritos de “moro de mierda”, “moro hijo de puta”, “¿Qué te has creído tú?”, “no me mires que te mato, cabrón”, etc., me rodean ostensiblemente. Los cruzados ni siquiera parecen percatarse de mi presencia. “Dejadle en paz, venga –insinúo seguro de mí mismo-“     Los insultos al morito persisten de igual manera. La cara de terror del chaval me sobrecoge una vez más. “¡Qué le dejéis en paz, joder –grito poniéndome entre medias del moro y el cabecilla de los guerreros santos”.     Inevitablemente se percatan de mi presencia. El moro me asemeja a un bote salvavidas y se aferra a mi espalda. Entonces siento terriblemente el temblor de sus miembros. Su voz se ahoga en etéreos balbuceos. “Quita y no te metas –dice uno empujándome levemente para quitarme de en medio. -¡A mí no me toques, cabrón. Yo soy blanco y español, ¿no lo ves?- exclamo señalándome la piel de un carrillo”     El moro apenas si logra sostenerse en pie. Nadie debería pasar tanto miedo nunca. “¿Qué dices moro? –pregunta la irascibilidad”. Vista la poca capacidad de raciocinio que invade el ambiente decido adoptar una posición imperativa y coercitiva. Atenazo a mi aliado. “¡Dejadlo en paz!. Venga, tú, pasa de ellos. ¡Vámonos!” El moro es un pelele aferrado a mí. Los ignorantes no parecen estar muy de acuerdo con mi propuesta, e insisten en sus estulteces. Yo no me achanto y, con el morito pegado a mí, me abro camino entre esa jungla de visceral intolerancia. Las vejaciones van a terminar en ese preciso instante, porque a mí me da la gana y punto.      Ante mi actitud tan segura los quince se quedan dubitativos y asombrados. Nos alejamos unos veinte metros y los insultos disminuyen. A esa distancia me vuelvo hacia ellos, algunos todavía lanzan miradas desafiantes. Yo les devuelvo la misma mirada y les insulto mudamente con el dedo medio. Se dispersan, seguramente convencidos de haberle dado una lección al moro.     Todavía no entiendo como se acojonaron tanto ante mí. Creo que el motivo es que pocos estaban seguros de la sensatez de lo que estaban haciendo con el moro.     Ya fuera del radio de acción de los energúmenos el moro recuperó el aliento y empezó a hablarme en un dudoso castellano. Le pregunto si habla inglés y él me contesta en esa lengua. A partir de ahí hablamos en inglés (como los indios muchas veces, pero entendiéndonos perfectamente).     -Policía, ¿dónde? –me pregunta.   -Deja tranquila a la policía.   -¿Dónde está la comisaría?   -¿Quieres ir allí?   -Sí. A mí no me pueden hacer esto. Yo no he hecho nada.   -Bueno, cálmate. ¿Quieres una cerveza?   -No quiero ir a más bares nunca.   -Ya, si digo que vayamos a la gasolinera y nos compremos unos botes.   -¿La comisaría está por allí?   -Luego, eso luego, ¿vale?.      Compro unas cuantas latas. Él insiste en ir a denunciar a los energúmenos. Ante su expresión de súplica e impotencia decido acompañarle hasta la comisaría.     Durante el trayecto nos presentamos. Su nombre suena a “Rasid”. Ya mucho más calmado, me da las gracias efusivamente y alaba mi bondadosa actuación. Me explica que él estaba  en el Pub “Rodeo” y que unas chicas atractivas le habían mirado un par de veces. El se había acercado a hablar con ellas, pues estaban solas. Y en ese momento empezó todo el problema. La gente del bar, clientes y empleados, le echaron a empujones de allí y se enzarzaron con él en la calle.     Seguimos andando calle abajo.  El sobrio silencio es roto por el repique de nuestros pasos. Físicamente no tenía ninguna secuela aparente, pero moralmente estaba aturdido, triste, colérico.    -No van a hacerte caso, sólo vas a crearte más problemas. Ya sé que son unos hijos de puta, pero tú en la comisaría vas a seguir siendo un moro de mierda, ¿entiendes?   -No. Quiero denunciarles por lo que me han hecho.     Ante su insistencia y ante la justicia de ésta decidí apoyarle.    -De acuerdo, a la mierda. Vamos a denunciar a esos cerdos. Yo responderé por ti. ¿Eres legal en España?   -Si, soy estudiante.   -Muy bien, se van a enterar.      Conforme se va terminando la cerveza el morito empieza a echarse para atrás en su idea. Yo intento mantenerle en su antigua determinación. Al llegar a la comisaría decide no pasar. Le insisto en que lo haga. Recojo entonces de él la misma expresión de pánico de hace un rato.    -De acuerdo Rasid, como quieras.   -¿SERVIRIA DE ALGO?- dice él retóricamente. Sus ojos titubean acuosos. Nos separamos al rato, ya era hora de acostarse.     Este ignominioso hecho, que afortunadamente no fue a más, (ignoro si yo tuve algo que ver en ello) no ocurrió en ninguna gran urbe de España, ni tuvo por protagonistas a ninguna cuadrilla de skins heads. Ocurrió en Ciudad Real (capital), en una madrugada de fin de semana. La gente que formó parte en el asunto es totalmente normal. Nadie atisbaría en ellos rasgos xenófobos o racistas alguno.     Simplemente se trataba de un grupo de estúpidos ignorantes. Y es que la ignorancia sobre las cosas suele provocar en el hombre la creación de falsas ideas, conceptos y expectativas sobre la cosa determinada. Pero el no saber éste o aquél matiz sobre ésta o aquella cosa no resulta, en demasía, dañino para la cosa en sí, ya que lo único que sale perjudicado de dicha ignorancia es la propia persona. Pero hay otro tipo de ignorancia, sobre las personas, que aparte de perjudicar al infeliz ignorante puede producir grave daño sobre el ignorado. Esta ignorancia sobre la persona lleva a la creación de falsos prejuicios, que derivan en claros perjuicios sobre la persona falsamente entendida.     Llevo yendo a Ciudad Real toda mi vida. Normalmente vivo en Madrid. Aquí en mi ciudad si ocurren hechos racistas con cierta frecuencia. Buscando una sonrojante justificación se puede decir que en la capital de España hay muchos inmigrantes delincuentes, ante los cuales no hay que tener compasión (como a los que sean de raza blanca)     Si hechos del tipo narrado ocurren en remansos de paz como Ciudad Real, donde no existen prácticamente personas de otras razas, es para ponerse a pensar. Creo que la simiente de la intolerancia está arraigada en todo el mundo y todos la tenemos impregnada en alguna medida. Cada vez son más los que la desarrollan, aunque algunos seguimos infecundos.     Yo seguiré defendiendo mis valores, sin personificación de antemano alguna, aunque hay veces que, como mi amigo Rasid, me pregunto SI SIRVE DE ALGO.     Yo no podría dormir por las noches si no defendiera mis creencias. A mí SI ME SIRVE DE ALGO.                                                                                        CÉSAR  BAKKEN                                            1999   

                                                                                               

     

LOS SERES DEL AGUA

Posted in Relatos on febrero 4, 2008 by César Bakken Tristán

¿Qué se ha desbordado?

Agua a borbotones me inunda la mirada. La presa no está derrumbada, solamente abierta.

¿Qué es eso que flota, a trompicones, en  la corriente?

No lo distingo, yo también estoy mojándome. Me tocan, esos seres del torrente me tocan. Y entre ellos, más que tocarse, chocan.

¿Qué sois?, pregunto mientras seco mi mirada.

¿Qué queréis?, sugiero ante su silencio.

De repente observo como se enmaraña todo más. Otro reguero de agua parece chocar con el primero, o tal vez sean esos mismos seres que van remontando el primigenio torrente.¿Cómo explicar esa conducta asalmonada?

Permanezco quieto, salvo en la mirada. Cada vez el estupor aumenta, pues  los seres del agua no parecen conocerse de nada: sólo nadan.

De nuevo alguno se agarra a mí, sin mirarme, sin decirme nada. Sólo se mantiene un segundo junto a mí y vuelve al torrente para revolverse entre los demás.

Y el torrente no para, la presa no se cierra. Y esos seres, los hay a miles, tampoco paran: el agua les arrastra.

Yo me mantengo, a duras penas, en mi posición; quieto. El agua me moja por entero, pero no me anega. No como a los seres, los cuales se ahogan unos junto a otros.

De repente veo una figura humana a lo lejos. Me está llamando, me está mirando aunque yo no la oigo.

Sigo viendo la gesticulante silueta, sigo sintiendo la mirada, pero sigo sin oír lo que grita: solo escucho el escándalo del agua.

La figura también está quieta sobre una pequeña colina igual que la mía, medio inundada.

Se trata, sin duda, de una figura humana, aunque yo no distingo ni raza ni sexo. Parece gritarme algo pero sus gritos se ahogan en el torrente, como esos extraños seres. Por unos instantes creo entender sus voces  articulando algún tipo de saludo.

Decido contestar a la figura con otro saludo: ¡Hola! Parece oírme porque deja de gesticular  y se queda mirándome.

Ahora puedo verla mejor, es una mujer.

¿Estás sola?, le grito.

Su cabeza contesta que sí. Su boca articula algo que mi oído no percibe.

Qué extraño, ella sí me oye.

Decido seguir indagando. ¿Qué está pasando?, le grito. Y su gesto me contesta ignorancia plena.

Al momento empieza a excitarse dando saltos y, como si estuviera llamando a alguien, parece gritar hacia lo lejos, a su izquierda, a mi derecha.

Me llama con un brazo mientras que con el otro señala a lo lejos, hacia sus gritos.

¿Ves algo?, pregunto.

Su cabeza me dice que sí.

Mi mirada sigue su brazo extendido y, efectivamente, descubro algo a lo lejos que flota en el torrente. Es, no sé, ¿una especie de barco?

La mujer me sigue mirando mientras el objeto flotante se acerca rápidamente.

¿Qué es?, pregunto.

Ella me contesta algo, pero sigo sin oírla, por lo que vuelvo a mirar concentrando mi mirada al máximo.

¿Es un barco?

Su cabeza me dice que sí.

El objeto se va acercando, efectivamente, se trata de una especie de barco.

Sobre él veo varios humanos gritando. Casi no les oigo, pero parecen sugerirme algo urgente. Por fin les entiendo, “¡tírate al agua!”, me gritan desde el barco.

Mi mirada timorata les contesta que no puedo hacerlo, están los seres, está el agua brava…

“¡Tírate y te recogeremos!, ahí morirás.”

Y tienen razón, el agua ya casi me tapa y me arrastra, cada vez me arrastra más.

Sin pensarlo más tiempo salto decidido al torrente. Siento manotazos de los seres, mientras observo el barco y mi barbilla entra y sale del agua. Frente a mí veo arrimarse un brazo, haciendo las veces de cabo, que me ofrece su ayuda.

Aprovecho un momento de calma del agua para agarrarme al generoso brazo y subir a bordo. Ya estoy a salvo.

Sentado en la borda doy gracias a mis salvadores. Ellos me contestan que no tiene importancia, “entre nosotros tenemos que ayudarnos” dicen sin apartar la mirada del torrente.

Nos vamos alejando rápidamente de la zona. Entonces vuelvo a ver a la mujer de antes que gesticula despavorida.

Maldita sea, me había olvidado de ella. ¿Cómo había ocurrido? Ella gritaba pero nadie podía oírla.

Insto a mis compañeros a que volvamos a rescatarla pero dicen que es imposible, las corrientes mandan.

Veo como se desespera su mirada. Cada vez estamos más lejos de ella y yo no puedo hacer nada.

Sé que ella nos oye, así que le digo que no podemos rescatarla.

Su gesto se tranquiliza, resignado, mientras el agua ya casi la cubre.

Le grito que lo siento, que no puedo hacer otra cosa. Ella no me contesta, está tan triste, está tan sola, está tan abandonada…

En un espontáneo gesto, lleno de gallardía, me lanzo al agua, entre todos aquellos seres, y empiezo a nadar contra corriente hacia la pequeña porción de tierra mojada en donde ya casi flota  mi amiga desconocida.

Los seres me agarran, tratan de cogerme, pero yo logro sortearlos con destreza.

Los gritos de incredulidad procedentes del barco golpean mi nuca, cada vez más débiles, hasta que desaparece el susurro sin que yo me haya ni si quiera girado.

Por fin llego junto a ella, por fin descanso mis aturdidos músculos.

El rostro de la mujer, al verme, expresa todo su asombro y toda su ternura y agradecimiento.

Me ofrece su mano. La tomo. Le pregunto que qué tal está. Ella afirma con la cabeza.

Al principio me sorprende no oír su voz. Únicamente percibo sonidos guturales que parecen darme las gracias por lo que he hecho, por no dejarla allí sola, tirada, como seguro hicieron otros antes.

Y fue entonces cuando aprendí, mientras nuestros cuerpos flotaban unidos por las manos, arrastrados por el torrente y entre todos aquellos seres del agua; que, afortunadamente, no todos somos iguales.

 

 

 

 

 

 

GWENDOLINE

Posted in Relatos on febrero 4, 2008 by César Bakken Tristán

“GWENDOLINE”  

            Es una cosa que nunca cambiará. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con el mismo pedrusco. Imagínate si encima tienes todo tu camino diario atestado de piedras, ¡es imposible no tropezar! El ego manda siempre, qué narices.

            La piedra con la que tropecé anoche debía de ser grande y estar colocada junto a mi cama, pues me hizo sin duda caer redondo en ella, donde me estoy despertando ahora mismo sin acordarme, en absoluto, de cómo ni cuándo llegué a ella. Pero espera, debe de haber dos piedras, porque a mi lado hay una chica desnuda roncando.

            ¿Quién será?  A ver, así de medio lado no la reconozco. Vamos a verla las tetillas a ver si me refresco la memoria. Creo que es Gwendoline. Vamos a ver la cara que truena bajo la almohada. Sí, efectivamente, es ella. ¿Qué hace en mi casa? ¡Ah!, ya recuerdo, anoche quedamos para cenar, y bebimos aquel vino tinto tan bueno. Y luego bebimos otra, y otra. Y luego recuerdo el incesante chirrido de la puerta del congelador.            Joder, si he dormido abrazado a una botella vacía de Absolut. Menos mal que el ser borrachín tiene algo bueno: ninguna gota de vodka puede manchar las sábanas, pues la botella queda seca completamente al acostarte. Claro que habrá que ver como está el comedor… para contemplar el lado amargo de las juergas.           

 Bueh¡ Anoche lo pasamos de miedo. ¡Menuda cena¡,¡menuda sobremesa¡,  ¡menuda velada¡ y ¿menudo polvo?. No lo sé, tengo que acabar de desperezarme para recordarlo. Supongo que sí, porque los dos estamos en pelota picada.           

Me levanto y voy hacia el baño. No sé, pero nunca acaba uno de acostumbrarse del todo a caminar en pelotas. Mejor voy a pegarme un duchazo, a ver si me espabilo. Las duchas resacosas son las más rápidas para ti y las más lentas para el reloj.

Salgo de la bañera, completamente repleta de agua, limpia, traslúcida, cristalina… ¡agua, coño¡. Tapo mis vergüenzas  (más bien deberían llamarse sinvergüenzas ) con la toalla y vuelvo a mi dormitorio.            Sentado en la cama comienzo a recordar el último momento de la noche. Rememoro con una sonrisa esos momentos; si no fuera por esos ratillos. Acabamos con la botella de Absolut que quedaba, empezamos a enrollarnos en el comedor (como otras veces) y acabamos, entre muchas risas, desnudándonos en la cama. Busqué torpemente un condón, sin lograr encontrarlo. Al final ella encontró uno entre el desorden de su bolso, menos mal.            La cuestión ahora es encontrar el dichoso látex, para tirarlo a la basura.

Empiezo a buscarlo pero no aparece por ningún lado. Por más que rebusco no lo veo. ¿No se habrá quedado “ahí”? Esas cosas pasan.

Despierto lentamente a mi amiga, para indagar.            

 -¡Buah¡, qué dolor de cabeza .-exclama entre bostezos.           

 -Sí, vaya juerga, ¿eh?.           

-Sí –contesta soñolienta  mientras se da la vuelta para seguir roncando.           

-Oye Gwen, ¿podrías mirar si se te ha quedado el globo “ahí adentro”?           

 -¿Qué?- pregunta quedamente.           

-Que te mires el chocho, niña, que lo tienes que tener con más ruina…            

 Acto seguido ella se inspecciona y nada, allí no hay ruina alguna. ¿Dónde leches estará el condón?            

 -¿Has perdido el globo? –me pregunta           

 -Sí. Bueno, eso creo. ¡Eso espero¡           

-Si te digo la verdad no recuerdo haber visto ninguno anoche, al final encontraste uno o qué.           

-¿Qué si yo encontré uno? –dije atónito- ¿Pe, pe, pero no tenías tu uno en el bolso?           

 -Qué va, tío,  si no he traído bolso ni nada –dijo ella incorporándose.           

-Hostias, tú, que lo hemos hecho sin condón.           

-No me jodas.           

-A ver.           

-Y seguro que te habrás corrido dentro y todo, gilipollas.           

 -Y yo qué sé, supongo que sí, a ver si te crees que estaría yo como para hacer marchas a atrás.            -Joder, tronco, de verdad, eres un tonto del culo. ¡Menuda la has hecho¡           

-¡Gilipollas tú¡, se supone que tendrías que tener más cuidado cuando follas ¿no? que para eso eres la tía.           

-Ya salió el puto machista. Siempre igual con vosotros. Follar es cosa de dos, guapo.

         Si, pero a la que le sale el bombo me parece que es a ti. ¡joder, qué tía, a ver si controlas¡

-Si no me emborracharas tanto, coño.

-¡Hombre¡. Como te até al puto sofá y te metí el vodka con un embudo, claro, pobrecita, pero si cuando se acabó la botella querías que cogiera otra aunque fuera de anís, joder.

-Bueno, bueno, está bien. La hemos cagado los dos. ¿Ahora qué hacemos?. Suponiendo que sí te hubieras corrido dentro no es tampoco fácil que me quede.

         Oye, chica, que yo soy un bestia. Que no fallo. Además, con la mala suerte que tengo fijo que la he liado.

         Pues ya me dirás qué hacemos. ¿esperar hasta que se me retire la regla?

         No, hombre, habrá otra solución.

         Joder. Tío, lo que me faltaba ¡qué me hayas dejado preñada¡

         Qué pasa, pues no se me ocurre otro tío mejor para ello, menudos genes tengo yo, je,je.

         Vete a la mierda tronco.

         Venga, no te preocupes tanto, todavía no han pasado ni doce horas. Se puede arreglar fácil.

         Si es que tenía que tomar la píldora.

         Eso es precisamente lo que vas a hacer.

         Muy cachondo, qué pasa que no vas a ir a por la parejita.

         La píldora del día después.

         Pues no hay que hacer lío para que te la den. Además, tampoco tengo ganas de que mis padres sepan que follo contigo.

         Pero bueno, a ver si ahora vas a tener que follar con putos futbolistas para que le guste al cenutrio de tu viejo.

         Deja a mi viejo en paz.

         Vamos ahora mismo a la calle, a la farmacia de un colega mío, a pedirle la píldora.

         ¿Tienes un amigo farmacéutico?

         Pues claro, hay que tener amigos hasta en la cárcel.

         ¿Y crees que nos podrá pasar la pastilla?

         Y hasta una caja de condones para que no nos pase más.

         ¡Eres un tío grande¡

– Grito mientras me abrazaba y me besuqueaba. Salimos disparados hacia la farmacia de mi colega, pues aunque el plazo para interrumpir el embarazo postcoital, con la píldora, es de setenta y dos horas, no nos fiábamos en absoluto del borracho que habría establecido este plazo. 

-Hola López.

         ¿Qué pasa tío?

         Esta es Gwendoline,¿ la conoces?

         No. ¿Qué tal?, yo soy Antonio.

         De Antonio nada, tú eres López, de toda la vida. Oye tío, venimos a pedirte un favor que te cagas. Nos tienes que pasar la pastilla esa del día después.

         Tú estas flipado. ¿sin receta?

         Pues claro, sino de qué voy yo a venir aquí a pedirle la pastilla a un tarado como tú.

         No puedo, tronco. Eso está muy complicado, qué no son aspirinas, macho.

         Venga, no me jodas, si seguro que tú la has pillado un huevo de veces. Es muy importante, macho, entiéndelo.

         Joder, eres un capullo que te cagas. ¿Por qué no tenéis cuidado?

         Tinto y Absolut.

         Entiendo. Venga, me la estoy jugando tío. Te voy a dar una caja.

         Gracias, te debo una.

         Me debes una y gorda.

         Pídeme lo que quieras, cuando quieras.

         ¿Y qué me puedes dar tú, a parte de disgustos?

         Je, je

         Je, je

         Seguid las instrucciones del prospecto al pie de la letra, si no queréis tener un cabezón. Tienes que tomarte una ahora y otra dentro de doce horas.

         ¿Sólo dos pastillas? ¿Tú estás seguro?

         Que sí hombre, léelo en el prospecto si quieres.

         Si a mí me da igual lo que ponga ahí. Mira tronco que yo soy muy bestia y creo que con dos pastillas no van a bastar. Que yo soy un bestia para esto del sexo, para mí que le van a hacer falta por lo menos media docena, je je.

         Tú estás flipao. Venga piraos de aquí.

         Muchas gracias, Antonio.

         De nada chiquilla, y a ver si no te juntas más con gentuza, je, je.

         Oye tú, con los años que me ha costado llegar a serlo…

         Anda, piraos de aquí, que va a venir mi jefe y se va a liar. A ver como escamoteo esta puta caja de pastillas. Menos mal que aquí siempre hay un lío de pelotas.  

Ya en la calle leímos el prospecto y, efectivamente, sólo había que tomarse dos pastillas. Menuda mierda, dos pastillitas. Y por esto tanto lío que se está formando. Que si la píldora del día después no tiene que suministrarla el Seguro, que sí es una forma de aborto. Lástima que las madres de los fachas-beatos-retrógrados que dicen esto no hubieran abortado, coño. Bueno, menos mal que todavía nos quedan recursos para hacer las cosas bien. Siempre bajo manga, en este país todo lo bueno hay que hacerlo bajo manga. Mira Francia, por ejemplo, que hasta reparten estas píldoras en los colegios. Aquí como mucho hemos llegado al reparto de tampones entre las nenas de los coles y de algún que otro condón en el instituto. Joder, creo que a mí me dieron una clase de educación sexual con dieciséis años. ¡Pero coño, es que se piensan que a esa edad todavía vivimos en un guindo? La charla nos la tiene que dar en el colegio, con doce o trece años como mucho. Tampoco es que seamos unos depravados como en la película “Kids”, pero de ahí a querer enseñarnos a comer con cuchara cuando ya estamos aburridos de comer sopas, va un abismo.

             -Oye, Gwen, tengo que dejarte, que ya se me ha hecho tarde y tengo mucho curro.           

-Vale. Yo también tengo que irme ya. Oye, si quieres nos vemos el próximo fin de semana.           

 -Bueno, no sé si podré. Ya te llamo, ¿vale?. Hasta luego, chiquilla.           

-Adiós. 

       Son ya cerca de las once de la mañana, debería haber empezado a currar hace un rato. Voy a mi casa para cambiarme y salgo corriendo al tajo. Trabajo para una empresa privada de limpieza urbana. Me dedico a limpiar las fachadas de todos los graffitis que aparecen en ellas. No es que sea el trabajo en el que quiera jubilarme, pero vaya, como no pagan mal y no es muy sacrificado, pues voy tirando para adelante. Y además, lo que es importante en los tiempos que corren, trabajo no falta. Siempre estoy atareado, aunque sólo tengo unas cuantas manzanas a mi cargo. Y no es que yo viva en un barrio lleno de hip-hoperos y raperos  pone firmas, sino que soy yo mismo el que mancha las paredes por las noches. Nos ha jodido, esto si que se puede llamar autoempleo.

Me deberían dar un premio de esos de jóvenes emprendedores, o jóvenes empresarios. No te creas que esto se le puede ocurrir a cualquiera. Llevo ya dos años currando en esto. Lo cierto es que la mayoría de las firmas que quito son mías, pero también hay alguna de algún rapero. La gente flipa, porque el ambiente de mi barrio no parece el más propicio para la afluencia de pintadas en las paredes. Si supieran la verdad…

                   De todas formas es un trabajo un poco monótono, y como me pagan por días trabajados, hay veces en que descanso de firmar y me dedico a otras cosas, aunque sin abandonar mi “especialización” profesional. Lo que hago cuando no le estoy dando al spray es colaborar con una cadena de talleres de mi ciudad, dedicadas en exclusiva al cambio de parabrisas y retrovisores de coches. Y no es que yo me calce un mono y me ponga a meter caña en el taller, que va, yo paso de la mecánica y de todo lo que tenga algo que ver con ella. Lo que yo hago en esta empresa es un trabajo de comercial podríamos decir. Digamos que “capto” clientes para mi empresa. Supongo que ya te habrás dado cuenta de que lo que hago es romper parabrisas de coches aparcados en la calle. Joder la de cristales que habré roto ya.            

Parece a simple vista un trabajo sencillo, pero nada más lejos de la realidad: tienes que esquivar a los maderos, a los dueños del coche, a cualquier transeúnte , ir perfectamente camuflado para que no te reconozca ni la madre del topo… Es un curro bastante arriesgado. Menos mal que yo siempre he sido un gamberrete y estas cosas se me dan bien. Bien aprovechada, la delincuencia juvenil es algo muy rentable. Llevo ya unos meses ganando una pasta por algo que antes hacía gratis. Menudo desperdicio. Es como los vascos de la “Kale borroka”, estoy convencido de que si yo hubiera  nacido allí, seguro que habría inventado ese negocio antes que ellos. Menuda pasta que les pagaran a esos cabrones por destrozar la urbe. Bueno, digo cabrones por lo del asunto político con el que visten la movida, que por el lado profesional no puedo dejar de negar que son colegas, y buenos.            

Yo de momento estoy muy bien como estoy, porque entre los dos trabajos me saco fácil el cuarto de kilo al mes (me pagan mil duros por cada parabrisas) Además, como no hay manera de que mi empresa me controle, me apunto también los tantos de otros.  Ciertamente  yo casi ya no rompo parabrisas ni retrovisor alguno, si acaso algún día que tengo morriña, o cuando estoy enseñando a algún alumno. Resulta que me he hecho coleguilla de una panda de niñatos buscagomas de no te menees. A veces quedo con ellos y nos vamos de “jornada de lucha” como he dado en llamar nuestras actividades gamberras nocturnas.             

Somos unos diez tíos, de los cuales ninguno puede llamarse amigo mío, aunque ellos creen que yo soy su “colega pureta”. Quedamos en una bodeguilla, siempre no menos de cinco. Bebemos como salvajes y luego yo empiezo a picarles con pequeñas apuestas a que no tienen cojones de romper este o aquel parabrisas. El caso es que apuesto una cerveza por cada retrovisor que rompan y una copa por cada parabrisas. Y estos pazguatos recientemente destetados (no tendrán más de catorce años) se flipan cuando oyen hablar de invitarles a priva (porque no tienen ni un duro) y , como además son aprendices de delincuentes, se dedican a destrozar con entusiasmo los coches. Las primeras veces no tuve que inventarme ninguna excusa, pero con el tiempo hizo falta que les dijera que es que yo soy un anarquista radical (nieto de un amigo íntimo de Durruti), y que tengo que seguir manteniendo vivo el recuerdo de mi fallecido abuelo y pasar a la “acción directa”, una de cuyas muchas vertientes es el deterioro sistemático de la propiedad burguesa (siempre elijo coches de dos kilos para arriba), tampoco me gusta joder al obrero, que en verdad si que soy socialista marxista (aunque de estos temas ni se me ocurre hablar con los pazguatos de mi “comando anarquista”)           

Es genial, de verdad, además hasta les estoy convenciendo para que empiecen a llenar las paredes de reivindicaciones. Y lo están haciendo. Joder, de aquí a un mes no voy a tener que pintar por las noches. Soy un tío grande, ¿qué no?.           

Precisamente esta noche tengo una reunión de trabajo con mis tontines anarquistas de pastel. Vas a ver como se las gastan estas fieras.            

 -Hola chavales, qué pasa, ¿ya le estáis pegando?. Joder, troncos, si es lunes.           

-Bla, bla, bla.           

-Claro hombre, pídeme una cervecita.           

-Bla, bla, bla.           

-¡Será por dinero¡, yo pago esta ronda. Qué no me entere yo que esa boquita pasa sed. Por cierto, Isabel, dónde está tu hermano?           

-Bla, bla, bla.           

-Pues a ver si le dices que estar en la directiva del grupo exige ciertas responsabilidades. Si no sabe beber que tome zumosoles, hombre.           

 -Bla, bla, bla.           

-Bueno, es igual, tampoco vamos a enfadarnos. Un fallo lo tiene cualquiera.¿qué tal se ha dado el finde?           

-Bla, bla, bla.           

-Genial, sois la hostia chavales. Si Durruti levantara la cabeza, estaría orgulloso de todos vosotros. Por cierto, a ver si ampliamos el grupo, no podemos presentarnos en Barcelona y el resto de España como un comando serio.           

-Bla, bla, bla.           

-Tampoco es eso, ya me conformaría yo con que para dentro de un mes fuéramos el doble.           

-Bla, bla, bla.           

-De acuerdo a ver si es verdad. De ti depende Rubén. Bueno oye, pagaros otra ronda con estos cinco talegos y ya nos veremos la semana que viene.           

-Bla, bla, bla.           

-Joder, macho, ¿es que a estas alturas tengo que estar encima de vosotros? Tened iniciativa. Quedamos el lunes aquí mismo y a ver lo que habéis hecho.            

La verdad es que no se había dado mal del todo la semana. En el taller me pagaron por siete parabrisas y veinte retrovisores. Pero ya esto se me está haciendo poco. Qué cierto es el dicho de que  cuanto más tenemos más queremos. La próxima vez tengo que preparar un gran golpe. Además, voy a empezar a pasar de lo de limpiar paredes, que es muy cansado. Lo que voy a hacer es dejar un par de semanas de firmar y decir a mis cachorrillos que no pinten ni la mona. Ya verás como cuando le hable a mi jefe de que yo podría hacer que no le faltara el trabajo se muestra receptivo. Haré con la empresa de limpieza como con la de parabrisas: vivir sin dar ni chapa, ganar por cuenta ajena.                       

Voy a llamar por teléfono al más avispado de mis querubines, para decirle que cesen las pintadas reivindicativas.                       

-Oye, Ramón, soy yo. Mira vamos a hacer una cosa estas próximas dos semanas. Vamos a dejar de firmar por completo. (…) Pues porque creo que la madera está mosqueada y es mejor dejar  pasar un poco de tiempo. (…) No, eso sí, seguid destrozando un poquito, pero tampoco mucho. Como esta semana. (…). Bien, salud camarada. Hasta luego.            

 Genial, ya he convencido a estos para que no desenfunden los sprais.  Creo que en estas dos próximas semanas me voy a pirar por ahí de vacaciones. Voy a llamar a Gwen a ver si puede venirse conmigo.           

-Oye Gwen, ¿qué vas a hacer los próximos quince días?           

-Que qué voy a hacer.Y yo qué sé. Estudiar supongo, por qué.           

-Por si te apetecía venirte conmigo a la playa, a pasar unos días.          

  -¿Cuándo?           

-Pues ahora dentro de un rato.           

-Bueno, espera que llegue a casa y me cambio. ¿Para cuántos días nos vamos?           

-Pues no sé, como mucho quince.

         ¡Quince¡. Oye,  que no tengo pasta, tío.

         Tranquila, ya me lo cobraré en carne, je,je.. No, oye, que yo si tengo pasta, he pasado una buena racha.

         Tú y tus buenas rachas. A ver si vas a estar pasando farlopa o alguna mierda de esa…

         Que no, ya sabes que yo paso de esa mierda.

         Y que no me entere yo. Pásate a recogerme dentro de una hora.

         ¿Qué te recoja? Sabes de sobra que no tengo coche ni carnet. Quedamos en el apeadero a eso de las tres. Vamos a la estación sur y pillamos el autobús que nos dé la gana.

         Vale. Oye ,pero habrá que comer algo.

         Ya comeremos en la estación. Hasta luego.

         Hasta lueguito…  Me encanta esta tía. Puedes hacer con ella los planes que quieras. Es la reina del “carpe diem”. Claro, también puede permitírselo, pues está aquí estudiando con una beca y el único curro que hace es traducir textos en francés. Y como no vive con la censura de los padres, pues eso, que se lo monta casi mejor que yo.     

La Estación Sur está atestada de peña, como siempre. En el tren hemos hablado de donde podríamos ir, sin llegar a ningún acuerdo. Vamos a comer algo en el restaurante de la estación.  El sistema de pago de este establecimiento es de lo más curioso. Resulta que pasas por donde la taquilla y coges una tarjeta de consumiciones, en donde te apuntarán en la barra lo que tomes. Al salir enseñas la tarjetita y pagas lo que rece. Ni que decir tiene que pasamos por separado y con una tarjeta pedimos dos birras, y con la otra la de Dios es Cristo. Nos pegamos una buena comida, durante la cual no hablamos en absoluto de a dónde iríamos. Salimos a la hora, juntos y enseñando la tarjeta de las birras. Cuatrocientas pelas por dos cervezas, qué caro, claro que a nosotros en realidad nos salió bastante barata la cosa, je, je. Menudos pardillos. Aunque todavía son más pardillos en Barajas, o por lo menos lo eran hace años cuando en el comedor pedías lo que quisieras y te daban un ticket para que lo presentaras a la salida, pudiendo salir por otro sitio si no habías tomado nada. ¿es qué estamos todos locos?.     

  -Son ya casi las cinco, Gwen, vamos a llegar de noche a dónde sea.     

-¿Y a dónde va a ser?     

-Echémoslo a suertes. Di un número.     

-El siete.     

-Vamos a contar el séptimo destino en el panel de salidas, y allí que nos vamos.     

-Teruel, no te jode. ¿qué te parece?     

-Macho, tú has propuesto el juego, habrá que aceptarlo.     

-Y una polla, Teruel no existe. Nos vamos a Barcelona.      

Dicho y hecho, partimos hacia la ciudad Condal.     

  A los quince días ya estábamos de nuevo en Madrid. Lo primero que hice fue pasarme por el taller, para cobrar mi porcentaje y comprobar que tal se las habían apañado mis cachorros sin mí.  Cincuenta mil pelas, no está mal, aunque puede mejorarse, ya lo creo que puede mejorarse.     

Por la tarde me acerco a nuestro bareto de encuentro. Al entrar veo a varios de mis querubines, que están empinando el codo, para variar.      

-Bla , bla, bla.     

-Cosas mías, negocios. ¿qué tal ha ido la cosa por aquí?     

-Bla, bla, bla.     

-Estupendo, tráemelos a la próxima reunión y ya veremos si son aptos para nuestro grupo o no.     

-Bla, bla, bla.     

-Sí, si eso está muy bien, pero se me está ocurriendo un golpe de efecto tremendo para darnos a conocer definitivamente. Vamos a meternos esta madrugada en el garaje de unos de los pisos de lujo del barrio de pijos de ahí abajo. Vamos a reventarles los cristales a todos los putos coches de esos burgueses, y vamos, por primera vez, a dejar nuestro sello. Pintaremos que el acto lo ha hecho el F.A.R.A.F. (Frente Anarquista Radical y Anti Fascista). ¡Vamos a empezar a dar caña de verdad¡     

-Bla , bla, bla

 -Claro, si no a que te crees que he ido yo a Barna. Ya les he hablado de nosotros, y esperan una buena señal de nuestra actividad.

 Lo cierto es que el nombre del grupo es un poco cutre, pero bueno, para haberlo improvisado no está mal del todo. Quedamos esa misma noche, domingo, a las tres de la mañana. Entramos con suma facilidad, pues uno de nuestros miembros vivía allí con sus padres.  Trescientos coches, trescientos parabrisas destrozados. La que liamos. Y la que me liaron a mí en el bolsillo. Trescientos por cinco, igual a mil quinientas, más tres ceritos, igual ¡un puto millón y medio¡. Qué pasada, y en una sola noche. Lógicamente no todos los coches fueron a arreglarse a mi taller, pero si que cogieron, entre los tres que tiene repartidos por mi barrio, a unos cien, o sea que me gané medio quilito más o menos. Y con lo de pintar, también me saqué mi pasta, pues durante las siguientes dos noches estuvieron pintando todo el barrio con reivindicaciones del FARAF. Me llovieron otras cien mil  del ala.Pero como te dije antes, la codicia llega enseguida al hombre, y yo no iba a ser menos, por lo que pronto he olvidado mis pensamientos marxistas, para pasar a seguir haciendo dinero.Seguimos durante dos semanas con actos vandálicos, lo cual me reportó unas buenas cantidades de dinero. Pero al cabo de este tiempo, me llegaron informaciones de que la policía, lógicamente, estaba detrás de nuestra pista. Decidí parar la actividad durante un tiempo, para que se calmara la cosa. Pero un día, sin que yo pudiera sospecharlo, ocurrió algo. La policía vino a verme a mi casa.      

-Bla, bla, bla.     

-Buenos días, agentes.     

-Bla, bla ,bla.     

-Si, como no, pasen, ¿hay algún problema?     

-Bla,bla, bla.

-No sé de qué me están hablando, yo en mi vida he pintado en una pared.

-Bla, bla, bla.

-Si, claro, registren todo lo que quieran. No sé de dónde han sacado todas esas tonterías acerca de mí.

-Bla, bla, bla.

-Claro, ahora es fácil pedir perdón, pero el mal ya está hecho. ¿Qué pensaran mis vecinos? Es increíble, lo suyo es increíble.

-Bla, bla, bla.

-Si hombre, encima voy yo a ayudarles después de lo de hoy.

-Bla, bla, bla.

-De acuerdo, les llamaré si veo algo. 

Vaya movida, resulta que alguien me ha inculpado en el asunto del FARAF, y los maderos me han pedido mi colaboración en caso de que sepa algo. Hasta este día no se me había ocurrido, pero tal vez podría sacar mucho beneficio de la bofia. Creo que estarían dispuestos a pagar una buena cantidad de pasta por un poco de información que yo les diera. La cosa no es fácil, pues tirar piedras contra tu propio tejado puede resultar peligroso. Pero la verdad es que a mí me da igual que a unos cuantos pringados les pegue un sustillo la policía. Además, qué narices, si hasta es por su bien que la poli les pare los pies ahora que son jóvenes. ¿Pero a quién denunciar, asegurándome de que no me delataría a mí? Lo mejor es convocar una reunión y ver qué se puede hacer.

Llamé al más tarado de los miembros de mi grupo anarquista para anunciarle la inminente convocatoria de una reunión de los principales del grupo. Por la tarde, cuando llegué a la bodega de nuestras citas, me encontré con buena parte de la tropa que forma nuestro grupo.

            -Como supongo que ya sabéis, los momentos actuales no son los más propicios para la actuación de nuestro grupo. La policía está mosqueada, sin ir más lejos hoy mismo han estado en mi casa. Alguien les dio el soplo de que yo tenía algo que ver con el grupo. Afortunadamente soy más listo que ellos, y como no tenía material en casa no han podido acusarme de nada. Es necesario que durante los próximos meses yo me quede al margen de toda actividad, pues sin duda que me estarán vigilando. Sin ir más lejos he tenido que tomar medidas de extraordinaria prudencia para evitar ser seguido hasta aquí (casi me entra la risa al decir esto).

-Bla, bla, bla.

-No, eso no, no podemos cesar nuestros actos. Hay que seguir luchando, sólo que con más prudencia si cabe. Yo me pondré en contacto con Ramón para darle las instrucciones puntuales de las actividades a llevar a cabo. Bueno, camaradas, lo mejor será que yo me vaya. Recordad, prudencia, y ante todo lealtad. Si la policía os hecha el guante no confeséis nada, negadlo todo, como he hecho yo. Si os cogen querrán que delatéis al resto del grupo. ¡Eso nunca¡, la organización está por encima de sus miembros.  Y si tienen pruebas fundadas, levantar la cabeza con orgullo y cumplid la condena que os impongan con la cabeza bien alta, que lo estáis haciendo por el F.A.R.A.F.  ¿Queda claro?

-Bla, bla, bla.

-Estupendo, eso es lo que quería oír, ¡ni un paso atrás, ni para tomar impulso! Suerte, camaradas. Estaremos en contacto.

            Tuve que salir precipitadamente del  bareto, porque no podía reprimir la risa con esto último que dije: “…ni para tomar impulso”. Joder, y hubo alguno que hasta parecía emocionado.

Perfecto, una vez aclarado el asunto con mis queridos pazguatos tengo que contactar con los maderos para ver si se puede llegar a algún acuerdo.

-Si, quería hablar con el agente Peláez, por favor.

-Bla, bla, bla.

-Soy Oscar, ¿se acuerda de mí?

-Bla, bla, bla.

-Exacto. He estado pensando en la oferta que me hicieron, y creo que a lo mejor tengo alguna información que les sería útil.

-Bla, bla, bla.

-Todo es llegar un acuerdo satisfactorio para ambas partes.

-Bla, bla, bla.

-De acuerdo, allí nos vemos. Hasta ahora.

            A las dos horas de esta conversación ya estaba de vuelta en mi casa. Había cerrado un principio de trato con los maderos. Yo les soplaría alguna actuación del FARAF y ellos me untarían de lo lindo. No me insistieron en que les revelara las fuentes en las que bebía, únicamente se conformaban con que la información fuera cierta y me pagarían generosamente. Habíamos acordado que me darían un millón de pesetas por cada miembro que detuvieran. Ahora mi duda era a quien delatar. Tenía que evitar que pescaran a Ramón, pues era el único capaz de organizar un poco los tinglados, por lo que empecé denunciando a los más cutres de mis esbirros.

Durante las siguientes dos semanas pillaron con las manos en la masa a cinco de mis muchachos. No está mal, cinco milloncejos para el nene. Tenías que oír a Ramón. Estaba desesperado, pues no entendía como podían haber descubierto nuestras acciones. Yo dejé caer la posibilidad de que hubiera algún soplón entre nosotros, ante lo cual Ramón se negó en rotundo siquiera a pensarlo. Le planteé entonces la posibilidad de que hubiera algún topo infiltrado. Por este motivo, y por que no quería arriesgar el cuello de ninguno de mis mejores capullos, decidí que las próximas misiones se las encomendaríamos a los nuevos, a ver si lográbamos descubrir al topo. La idea era que si mandábamos dos misiones al mismo tiempo, y en una de las dos estaba el topo, la policía actuaría sobre el segundo grupo, dejando a este primero impune, a fin de no perder a su infiltrado.

Así lo hicimos, y yo, para dar más credibilidad a todo el asunto del topo, sólo filtré uno de los actos. Y todo salió a pedir de boca. Los maderos detuvieron a tres personas y las sospechas de mi grupo se ciñeron sobre los otros tres pimpines que formaron el segundo “comando” de esa jornada de lucha.

Todo me estaba saliendo a pedir de boca. Pero no todo es de color completamente rosa, es más, puede teñirse de negro cuando menos te lo esperes. La pincelada negra se me apareció en forma de llamada, justo el día después de mi última chivatada.

-¿Sí?

         ¿Oscar?

         Hombre, Gwen. ¿Qué tal?. Hace tiempo que no nos vemos, ya tenía yo ganas de hablar contigo.

         Oye, escúchame, no tengo mucho tiempo. Mira, ya te explicaré, pero el caso es que estoy detenida en comisaría. Tío, tienes que venir a sacarme de aquí. Mi fianza es de seiscientas mil. ¿Tú podrías prestármelas?.

         Me dejas flipado, tía. Claro, claro que te las doy.

         Estupendo. Ven rápido, estoy en la comisaría de Leganitos.

         Voy para allí.

         Gracias, tío. Te quiero un montón.

         Hasta ahora.

Vaya faena, habían enchironado a Gwendoline. ¿qué habría pasado? Y el puto juez, seiscientos boniatos de fianza.

      En menos de una hora todo estaba arreglado de momento, y yo paseaba con mi buena amiga por uno de los parques de mi ciudad. Hasta ese momento no habíamos comentado nada de lo que podía haber hecho. Aproveché la intimidad de un banco para hablar de ello.

      -¿Qué ha pasado?

      -Alteración del orden público, deterioro de inmobiliario urbano y ya veremos si apología del terrorismo o algo así.

      -No entiendo, ¿qué es lo que has hecho?

      -Me han pillado quemando unos contenedores de papel.

      -¿Tú quemando contenedores? No entiendo nada.

      -No te creas que yo entiendo mucho. Verás, es que hace una semana entré en contacto con un grupo anarquista, a través de un amigo que lleva unos meses con ellos. El caso es que me convencieron para que colaborara con ellos en una de sus jornadas de lucha.

         ¿Cómo se llama ese grupo anarquista? –pregunté temiéndome lo peor.

         Algo así como FARAS.

         ¿FARAF?

         Sí, esos son.

         ¿Pero y tú que coño tienes que ver con esa gente?

-Nada, sólo que mi amigo era miembro y me lió.

-¿Pero como estás tan flipada?

-Yo que sé. No sabía lo que hacía. Además, me dijeron que no pasaría nada

-Pero al final pasó. Si es que pareces tonta.

-Bueno tío, ahora lo menos que necesito es una charla. El mes que viene tengo el juicio. Me pueden meter en la cárcel.

-No creo, por quemar un contenedor.

-Que sí, que ahora están muy duros con eso.

-No te preocupes, que no van a meterte en ningún sitio. Hablaré con un abogado y veremos qué se puede hacer. Lo mejor es que te vayas a tu casa y hagas vida normal. Ya te llamaré para ponerte al tanto de mis averiguaciones.

            Joder, menuda putada. He delatado a mi mejor colega. ¿quién iba a pensar que estaría metida en el puto FARAF? Es para flipar. El asunto este se me ha ido de las manos. Lo mejor es pasar ya del tema e intentar sacar a mi amiga de este lío.

Fui a hablar con un abogado de un bufete de mi barrio. Aunque más que abogados parecían abobados los freaks que allí había. Todo gente joven casi recién licenciados. Y claro, no sabían una mierda. Decidí pasar de este bufete de abobados, para ir a uno de los más prestigiosos de Madrid. Les comenté el caso y me dijeron que en un principio no había problema. Gwen sería declarada inocente, pero debería de ser en un juicio conjunto con los otros dos capullos que pillaron, por lo que los honorarios se multiplicarían por tres.

Al día siguiente fui con Gwen a ver al abogado, para que le pusiera al corriente de todo lo que había ocurrido. Viendo la denuncia, el informe del juzgado y la declaración de mi amiga, el abogado dijo que el caso estaba ganado, que tan sólo tendrían que pagar una multa, y que al ser insolventes, todo quedaría en un tirón de orejas. En total la minuta ascendería  a seis kilos. Joder, era todo lo que tenía ahorrado hasta entonces. Pero que narices, si Gwen estaba en este lío era por mi culpa, así que accedí a correr con los gastos. Mi amiga se asombró sobre manera de que yo pudiera correr con los gastos del juicio. Menos mal que nuestra relación se basa en la confianza mutua que evita hacer preguntas insidiosas. Ese mismo día decidí disolver el FARAF. Al principio  mis “camaradas” no daban crédito a lo que yo les decía, pero finalmente logré convencerles de la conveniencia de olvidar todo el asunto. Mis “amigos” policías me pidieron más información, a lo cual  me negué, alegando que había perdido mis contactos en el asunto.

Al mes siguiente se celebró el juicio, quedando los tres acusados libres de los cargos más importantes. Yo no asistí al juicio, no fuera a ser que alguno de mis antiguos capullos me reconociera y Gwen se enterara de que papel ocupaba yo en todo este asunto.

Desde el día del juicio, Gwen está como loca conmigo. La verdad es que tanta coña me ha dado que al final estamos medio saliendo en serio, y se ha venido a vivir a mi casa. He vuelto a trabajar en lo de las pintadas, hasta que empiece octubre, fecha en la que voy a empezar a estudiar Ciencias Políticas y a trabajar en alguna cosa a tiempo parcial. Me ha entrado curiosidad por todo este mundillo, pues me parece mentira que sólo por ser un caradura yo haya podido montar la que he montado. Quiero aprender sobre el asunto, y quien sabe, a lo mejor algún día vuelve a aparecer el FARAF. Lo cierto es que en un país en el que el baremo para medir la inocencia o culpabilidad de alguien es el dinero, hay algo que falla, y mucho.

Hasta que llegue ese hipotético día, voy a tratar de reírme mucho con Gwen, salvo el día que le confiese toda la verdad del asunto. De todas formas no creo que se enfade mucho, y aunque lo haga, no tengo elección, no puedo ocultarle algo así a la chica con la que convivo.

Supongo que no.

FIN

CÉSAR BAKKEN

1999