Archivo para Boris Karloff

Cine. RAFAEL LÓPEZ: “La momia”, de Karl Freund.

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina, CINE crítica y reflexiones with tags , on mayo 7, 2021 by César Bakken Tristán

Me acompaña el gran Boris Karloff, a mi cita cinematográfica de los viernes, con uno de sus papeles más icónicos “La momia”, película del año 1932, dirigida por Karl Freund cuya trama gira sobre un sacerdote del Antiguo Egipto que vuelve a la vida después de cuatro milenios. 

Esta cinta se enmarca en aquella primorosa época del cine de “terror”, lo pongo entre comillas, porque al lado de la producción moderna parecen cuentos para niños de pecho (eso sin mencionar alguna recomendación realizada en este mismo blog de cuyo nombre, acordándome, no quiero acordarme), con títulos tan emblemáticos como “Drácula” con Bega Lugosi, o “Frankestein” por el mismo actor de mi recomendación de hoy. 

Como suele ser habitual, tan buen material fue manoseado en un ‘remake’ cutre, y zarrapastroso, hace unos pocos lustros que, para colmo, dio pie a una serie de películas que estiraban el “chicle” de la historia hasta límites grotescos. A todos los que intervinieron en semejantes bodrios si que les debía caer la maldición de la momia, de Osiris, de Anubis y del dios Min, o de todos juntos (¡como poco!).

Por desgracia, el magnetismo que genera la cultura, e historia, del Antiguo Egipto ha sido prostituido en un significativo número de películas, las cuáles ultrajan ese legado para mostrarnos burdas representaciones de dioses y seres mitológicos del panteón egipcio, cuando no a hipermusculados ‘faraones’, o advenedizas damiselas de la corte, cuyo vestuario es tan limitado como sus diálogos, y que se dedican a enseñar anatomía y ‘posturillas’, más que a cualquier otra cosa. 

Museo Británico

Un detalle de esta cinta, que no pasa desapercibido, es la idílica, y benefactora, imagen que reflejan del Museo Británico, el gran expoliador de las más nobles obras de las culturas antiguas (junto a los franceses, todo sea dicho, que tan amarga huella dejaron en España). Cuando pienso en todos esos carnuzos, con títulos de Lord que saquearon y robaron los tesoros de los países zaheridos por ellos mismos, se me remueven las entrañas. Ahí está Lord Elgin y su “filantrópico” expolio de los frisos y metopas del gran Fidias, pertenecientes al Partenón, piezas que no ha habido gobierno griego que no se haya desgañitado por recuperar, con el consiguiente ‘flemático’ resultado, o Lord Carnavon y las piezas que saco de “estrangis” de la tumba de Tutankamon. También de España tienen lo suyo estos carnuzos robones pero el hecho de que uno de los más lacerantes expolios se llevará a cabo con el beneplácito del rey felon, Fernando VII, debería ser motivo para coger sus siniestros restos y echarlos a una osera de esas en las que se echan los cadáveres de las reses, porque ese pervertido, y criminal, no merece menos. Puestos a hacer limpia, en el panteón del Escorial, hay bastantes familiares, del anterior, merecedores también de un cierto “ajuste de espacios” ya que su presencia en lugar tan privilegiado supone un insulto a la decencia y a la memoria. Respecto del trato que merecen estos saqueadores isleños viene pintiparada una cita atribuida al gran Blas de Lezo: *”Todo buen español debería mear siempre en dirección a Inglaterra”* (¡y eso que no vio lo que aconteció después de su muerte!, aunque de haber habido Hombres con su temple y calidad, otro gallo hubiera cantado en algunas cosicas). 

En fin, que me desvío del asunto, es una película ajustadisima de duración, son sólo 74 minutos, sin apenas efectos especiales (más allá de las casi ocho horas que tenía pasar, en la sección de maquillaje, el señor Karloff para convertirlo en momia), ni chorradas de esas modernas en las que se pierden las producciones de ahora, que tienen la espuria intención de tratar de paliar, con esas parafernalias, unas obras yermas de buenos diálogos y guiones solventes e ingeniosos. Se que es el devenir de los tiempos, pero ¡que negros augurios! provocan la severa degradación intelectual, y moral, de los “creadores” (patanes) artísticos y de los “gustos” del público, desde hace lustros. En contra de esta siniestra tendencia cinematográfica actual, la película recomendada hoy, además de su calidad visual y verbal, es muy respetuosa con el significado, y trascendencia, del culto mortuorio en el Antiguo Egipto, así como con su contexto histórico. El sonido y la imagen denotan la antigüedad de la cinta pero la historia permanece igual de poderosa que cuando se hizo, hace casi noventa años, y justifica ampliamente su visionado. 

Hay algunos detalles, y diálogos, que quiero reseñar: al principio, en un despliegue de elegancia y economía de imágenes, aparece el arqueólogo joven, impetuoso e inexperto, leyendo con gran mimo, cuasi como una oración, los terribles conjuros del pergamino que devolverá la vida a la momia, y ya se intuyen las consecuencias que traerá, entonces la cámara focaliza la cabeza de la momia y, casi imperceptiblemente, va apareciendo una finísima línea de negra luz en sus ojos. Después el siguiente plano no nos muestra a la momia haciendo ejercicios “acrobáticos” (tan socorridos, y habituales, en las cutres producciones modernas), simplemente se visualiza su mano y como, con gran delicadeza, recoge el pergamino, cuya lectura le ha devuelto a la vida, y cuando se va de la escena sólo se ven unos vendajes de lino que se arrastran al pesado, y lento, caminar de la momia (para mi, sencillamente de primerísimo nivel). 

Y ahora un diálogo: es cuando está la momia, con la reencarnación de su amada, delante de esa gran mini-piscina en cuyo líquido puede visualizar imágenes de otras épocas y de otros lugares y le dice *”le despertaré recuerdos de amor, de crímenes y de muerte”*. 

Afortunadamente, les puedo adjuntar un enlace donde visionar esta estupenda película, en versión doblada al español. 

https://archive.org/details/ LaMomia1932Espaol