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Cine. RAFAEL LÓPEZ: “El hombre que mato a Liberty Valance”

Posted in © RAFAEL LÓPEZ opina, CINE crítica y reflexiones with tags on junio 4, 2021 by César Bakken Tristán

Tengo que anticiparles que un cuasiholgazán como yo, va a abusar, en esta ocasión, de dicho privilegio no realizando ninguna búsqueda en el ciberespacio digital, para contrastar nombres y datos técnicos. 

Les presento esta semana, en mi cita cinematográfica de los viernes una estupenda, y melancólica, película de John Ford “El hombre que mató a Liberty Valance”. Es una película del sesenta y tantos, en glorioso blanco y negro, protagonizada, en sus principales papeles, por John Wayne, Lee Marvin,  Vera Miles, Woody Stroode, Andy Devine y James Stewart. La historia gira en torno a un joven, e idealista, abogado que se dirige al oeste, y durante el trayecto, la diligencia en la que viaja, tiene un mal encuentro con unos bandoleros, a raíz del cual es terriblemente zaherido por el jefe de la banda, un tal Liberty Valance. A pesar de sus fuertes convicciones sobre que la ley debe estar por encima de la primitiva violencia del más fuerte, se verá, al final, en una encrucijada en la que no tendrá posibilidad alguna de defender dichos principios políticos, y éticos, en un tribunal de justicia, o en un parlamento, sino que deberá luchar, a lo bruto.

Por supuesto se narran muchísimas más cosas, pero para quien la haya visto veo innecesario aburrirles (prefiero que disfruten de su visionado, si tienen ocasión), y para los que no, ¡que mejor!, que descubrir, todos los matices, e intrahistorias, de esta obra de primerísimo nivel. Es más, si hay algún lector joven (de 20 a 30 años), que está leyendo este artículo, le emplazo a que vea está película (la haya visto con anterioridad, o no) y que deje escritas sus impresiones sobre la película y sobre él mismo, y que lo vuelva a hacer, después de seis lustros. Yo ya no tendré ocasión de conocer el resultado de esta prueba, pero confío que le pueda ser de alguna utilidad, porque cuando tenemos esa edad nos creemos que sabemos todo lo que necesitamos saber, que podemos con todo y que quienes nos quieren van a estar siempre a nuestro lado, y ninguna de las tres cosas son verdad. 

Cada vez que veo esta película me gusta más, y, cada vez, me produce un nivel de tristeza, y melancolía, mayor (debe ser cosa de los años). Y el motivo de esa nostalgia creo que es doble, uno personal y el otro ligado a la historia narrada por Ford que nos muestra a ese idealista abogado que, al final, se lo lleva todo, la chica, una carrera profesional de prestigio, una posición política de campanillas, en fin muchísimo más de lo que hubiera llegado a soñar. Pero hubo un punto de inflexión, una terrible encrucijada, para que todas esas cosas pudieran llegar a suceder, y fue, en ese momento, cuando el perdedor, Tom Donifan (o como se escriba), el personaje interpretado por Wayne, toma una devastadora elección al ser consciente de que, haga lo que haga, todo su proyecto vital se ha ido a hacer puñetas, porque la clave del mismo nunca lo podrá querer como él quisiera. Tengo la sensación de que Vera Miles, deslumbrada por ese joven, e idealista, abogado, que le enseño a leer abriéndola a un mundo de conocimiento y experiencias inimaginables, y que le dio un amor y una vida confortable, cuando vuelve, para dar sepultura a su amor de juventud, siente que con Wayne, a pesar de su rudeza y de una vida más sencilla, habría sido más feliz, porque, de los dos, es el que la quería de verdad. 

Esa flor de cactus sobre el ataúd, el revolver que Wayne ya no llevaba en su mortaja porque, desde aquel maldito día, le era innecesario, nos recuerdan que hay personas en la vida que nos han querido mucho, y han hecho, también, grandes sacrificios por nosotros, y que llega un día en que se nos van, dejándonos esa sensación de no haber pagado, tanto como merecían, su cariño, sabiduría y desvelos. Y piensas en ellos, y realizas una emocionada ofrenda, a su memoria, en forma de una “flor de cactus” evocadora, para decirles que les quieres muchísimo, para preguntarles, y aprender, mil cosas que despreciaste cuando podías, y recordarles que deseas volver a hacer juntos esas cosas cotidianas que tanto añoras, pero esa plegaria sólo te devuelve el despiadado eco de tus propios recuerdos. 

Flor de cactus de César Bakken Tristán. Fruto de su rescate de un cactus (tamaño DNI) atravesado por un pincho para sujetar un ridículo traje de Papa Noel. Quitó el pincho, plantó el cactus y así se ha puesto en 2 años.

Este maño otoñal, y regruñón, lamentablemente no ha sido capaz de encontrar un enlace, ni en versión original, ni doblada al español, donde ofrecerles la posibilidad de ver completa esta cinta, aunque podrán encontrar en Internet unos cuantos “cortes” para que “husmeen”, si les parece bien. Reniego de la habitual calificación de esta película como un ‘western’, porque, aunque esté ambientada en esa época, ambiente y lugar, dista, profundamente, en cuanto a su temática. Lo único que tiene de ese género cinematográfico son los fenomenales filetes de vaca, o buey (vete tú a saber), que sirven en el restaurante. 

Y, de despedida, les relatare dos escenas que me gustan, no muy especialmente porque hay tantas, y tan buenas, que es difícil decantarse, pero ahí van: la primera es bastante simpática, resulta que, después de la brutal paliza, llevan a James Stewart (hace el papel del abogado) a un restaurante, del pueblo más cercano del lugar donde había sido asaltado, para reanimarlo. El caso es que le van a dar café pero la dueña detiene a su hija y le echa un tanganazo de whisky fenomenal, entonces como el abogado es abstemio (igualíco que mi querido don Luys), toma un buen trago y todavía algo aturdido, por la tunda que llevaba, le dice a la dueña:

– ¿Es ésto café? 

Piadosamente, le responde la dueña, “sí, sí, beba” (“o tómeselo”, no recuerdo el literal) 

La otra es cuando, para el entierro de Wayne, vuelve el abogado con su esposa, al lugar donde se desarrolla la acción de la película, y pide al enterrador que le muestre el cadáver, y cuando lo ve, le dice con aire, y tono, áspero :

– ¿Y sus botas?

Como dice los “malditos”: En fin,

P.D.: como premio, por soportar mi vagancia, les compensare con no aburrirles con mis habituales comentarios político-sociales en mi cita “venusiana” con el cine. Además, desde mi última recomendación, ya he cargado demasiado la mano al respecto.