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ARTÍCULO: ”El príncipe” vs. “El principito”. Pandemia vs. panacea.

Posted in artículo-insulto with tags , , , on abril 29, 2020 by César Bakken Tristán

LEER EN “El Correo de España”: https://elcorreodeespana.com/libros/265906869/El-principe-vs-El-principito-Pandemia-vs-panacea-Por-Cesar-Bakken-Tristan.html

 

Es curioso que 2 de las mejores obras breves de la literatura universal se llamen prácticamente igual, siendo tan distintas y teniendo más de 4 siglos de diferencia. Todos las conocéis (otra cosa es haberlas leído, cosa que os recomiendo fervorosamente) y de ellas lo que más ha trascendido es que una es “mala” y la otra es “buena”, atendiendo a criterios de bondad humana, altruismo y esas memeces; no a calidades literarias. Además, como una es un tratado sociopolítico y la otra una novela corta de ficción, no se pueden comparar. Pero aquí estoy yo para hacerlo, ya que querer es poder y como quiero pues ahí voy. Pero antes permitidme hacer una analogía con pandemia y panacea, que si bien no se parecen tanto léxicamente como las otras 2, sí que soportan la misma relación de confrontación del bien y del mal. ¿Pero realmente lo bueno es la panacea?

“El Príncipe “ es la obra cumbre descriptiva del quehacer político, es su decálogo perfecto. Cualquiera que aspire a ser gobernante, bajo el régimen político y la ideología que sea, ha de seguir este libro y lo tendrá hecho. Aunque, en este caso, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? pues Maquiavelo reconoce que para escribirlo bebió de las fuentes de la historiografía y de la filosofía política, de las cuales y tras muchos debates con amigos expertos en ello, escribió esta magnífica obra. O sea, que el mal ya existía antes de su etiología… ¡cómo en el caso del congojavirus!

“El principito” es la obra cumbre del humanismo, entendido como la doctrina máxima de los valores humanos. Desarrolla, con exquisita sensibilidad y metáforas sublimes, las buenas virtudes que todo hombre ha de tener a la hora de vivir e interactuar con sus semejantes, y ejemplifica el rechazo a todas las malas artes y mezquindades humanas que dominan el mundo y la mayoría de las mentes, por más que nadie sea buen juez de sí mismo y todos nos atribuyamos la bondad casi absoluta y denostemos a buena parte del resto de los humanos. O sea, que el bien ya existía antes de su etiología… ¡cómo en el caso del remedio contra el congojavirus!

Hasta aquí estaremos todos de acuerdo sobre las 2 obras literarias. Donde ya empieza la polémica es en la interpretación REAL que hacen los lectores y en la vida REAL de los 2 escritores. Maquiavelo fue un humanista, por lo tanto le pegaría más haber escrito la otra obra. Y Saint-Exupéry fue un aristócrata belicista y militar francés, por lo que le pega más la otra. ¿Por qué sucedió lo contrario…? Pues porque para conocer a un autor no hay que centrarse sólo en su obra y, paradójicamente, encima estos 2 autores han sido sacados de su obra por el lector, siendo uno satanizado y otro santificado. La peor parte se la llevó el florentino, pues el adjetivo “maquiavélico” y el sustantivo “maquiavelismo” dicen mucho y bien de “El príncipe”, y seguramente un par de obras más de él, pero no del resto de su obra ni de su vida. Por otro lado, el francés llevó una vida alejada totalmente de los valores que muestra en “El principito”, y fue conde a los 4 años de edad (al heredar el título por fallecimiento de su padre), se casó con una multimillonaria y murió como piloto del ejército combatiendo contra “El Eje” en la II Guerra Mundial.

Resulta muy aleccionador que esta obra antimaterialista fuera escrita en una mansión de lujo (no es redundancia, pues hay mansiones venidas a menos) en Estados Unidos. Una obra pacifista cuyo autor, nada más escribirla, volvió voluntariamente a Europa para combatir… y que Maquiavelo escribiera su obra dirigida a la poderosa familia Medici, para conseguir que le redimieran del exilio –previa cárcel – que le supuso el regreso de esta familia al poder en Florencia donde él había hecho trabajo y fortuna… Vamos, que Maquiavelo se inspiró en sí mismo, siguiendo la enseñanzas de su genial obra, para conseguir el favor de los gobernantes, y Saint- Exupéry pasó totalmente de sí mismo e hizo todo lo contario a las enseñanzas de su obra magna, a penas le puso el punto y final al manuscrito, y durante toda su existencia previa al libro.

Como está sucediendo con el congojavirus, una falsa pandemia al haber magnificado un virus que actúa como el de la gripe, pero que es inoculado de manera más rápida y al mismo grupo de riesgo que el otro, lo cual lo convierte en un virus muy fácilmente controlable y, sobre todo, que no ha de matar más que el de la gripe. El trasfondo trágico y grotesco es que la gripe tampoco mataría a tantas personas, si fuera tratada como lo que es: un virus que se contagia siguiendo unos parámetros unívocos que son menospreciados por la sociedad, como sucede con el congojavirus, pero en este caso por exceso de celo y conspiraciones e intereses económicos y políticos internacionales.

De aquí sacamos la enseñanza de que hay que tratar todo por separado y con perspectiva y rigor absoluto. Yo leí ambas obras hace más de 20 años. La del francés la he releído muchas veces, y la releo. ¡Hasta tengo un tatuaje de la última ilustración del libro!. La del florentino no la he vuelto a releer, salvo ligeras hojeadas y ojeadas. ¿Esto indica que me gusta más una obra que otra? Para la opinión general, que peca de simplista y equivocada, así debería ser, pero no es la realidad. El gran tratado sociopolítico no me enseñó nada que no supiera yo a la edad en que lo leí (20 años aproximadamente), mientras que la novela corta sí me enseñó percepciones nuevas sobre asuntos que yo sí conocía pero alguno de los cuales o bien no identificaba como tales, o bien no los procesaba de esa manera. Porque esta obra es expresiva y metafórica, y la otra es explicativa e historiográfica.

Concluyo con otra analogía. El líquido que más bebo es el agua, pero no es el que más me gusta salvo en los momentos de ejercicio sudoroso, donde se torna en ambrosía. En cambio el vino, la cerveza, las infusiones y los licores son los líquidos que más me gustan. El agua es “El príncipe” y lo otro es “El principito”. Los 2 son imprescindibles para mí, y su contraste marcan la esencia que asumo ha de tener todo ser humano con intelecto: tener sed tanto de lo imprescindible para vivir como de aquello que hacemos imprescindible en nuestra vida. Y como Maquiavelo ya no es asesor de ningún político, no le echo en cara nada y alabo que haya demostrado como fue, es y será el modus operandi de los gobernantes. Y como Saint-Exupery ya no es un aristócrata belicista, no le echo nada en cara porque su estupenda e inmortal obra no aboga por nada de lo que él fue y sí por todo lo que yo valoro de un ser humano.

Por eso la política es tan aburrida para un politólogo y no político como yo, mientras que la literatura es tan apasionante para un escritor y lector como yo. Por eso no hay que tragarse jamás el discurso de un político, ni mucho menos perdonar sus errores, horrores, mentiras y contradicciones. Porque para eso ya está la literatura, algo inicuo para nuestra vida, ya que no es imprescindible para vivir, pese a que algunos la hagamos imprescindible para nuestra vida.

La conclusión de esto, siguiendo con la primera analogía que planteé, es que ni el congojavirus es tan malo, ni las soluciones que han dado contra él son buenas, de hecho nos están causando 1.000 veces más estragos socioeconómicos de lo que jamás soñó un virus desde la gripe de 1918 (que también fue provocada). Y en un mundo donde la salud depende de la economía, no hace falta ser Marañón para darse cuenta de que no se pueden matar moscas a cañonazos, pese a que nos digan que es la mejor manera. Está claro que usar cañones es mucho más rentable que usar matamoscas.