Archivo para Goya

RAFAEL LÓPEZ: El regalo envenenado de Reyes, a.d. 2021

Posted in RAFAEL LÓPEZ opina with tags , , on enero 5, 2021 by César Bakken Tristán

Si existe una festividad en el calendario vinculada a los niños esa es el día de Reyes, pero han cambiado, significativamente, los usos y costumbres de la celebración asociada a tan emblemática fecha en el último medio siglo. Los recuerdos de cómo eran las Navidades en mi infancia creo que tienen poca traslación a la actualidad: para empezar se ha producido un cambio en la propia dinámica de las Navidades, ya que, cuando yo era pequeño, lo de “Papá Noel”  ni se conocía. Normalmente cuando nos daban las vacaciones escolares (solía coincidir con la celebración del emblemático sorteo de la lotería de Navidad) íbamos a casa ilusionados para poner el Belén, y esa representación, del nacimiento de Jesús y la adoración de los Reyes Magos, presidía la estancia donde se celebraban las reuniones familiares en esas fechas tan entrañables. Por aquellos años los recursos gastronómicos y tecnológicos poco parecido tienen, en general, con los de ahora, no había televisión, gracias a Dios, y aunque las viandas eran más “austeras” (ahora con las colas del hambre hay muchas personas que están peor que estábamos entonces), la intensidad religiosa y emocional eran mucho más sentidas. 

En mi época los regalos, eran justicos y “prácticos” (normalmente alguna cosica de material escolar), y sólo se recibían en la noche de Reyes. Siempre te acostaban pronto tus Padres porque no podías ver a los Reyes Magos cuando llegaban a casa. Al poco tiempo las influencias anglosajonas, la funcionalidad de entregar parte de los regalos en Nochebuena para que se pudiera “disfrutar” de los juguetes durante las vacaciones fue generando un proceso involutivo por el cual el simbolismo de la noche de Reyes ha ido perdiendo protagonismo paulatina e inexorablemente. Ahora el árbol de Navidad, con su hegemónica presencia en instituciones, tiendas, comunidades de vecinos, centros comerciales, etc., ha enviado casi al ostracismo a los belenes públicos y domésticos. Es una lástima esta deriva, por lo que supone de pérdida de nuestras tradiciones y de nuestra esencia cristiana. 

Detalles como dejar comida para los Reyes y pienso para los camellos en la ventana de la habitación de los niños o en la entrada de la casa, ya resultan cuasi anacrónicos y poner el Belén para presidir, en intimidad, la celebración de la Navidad resulta cada vez más atípico. Pero no debemos entristecernos demasiado con esta nostálgica exhortación de tiempos pretéritos, aunque no haga tanto de ellos, porque la realidad, a nivel general, que se vive en España ya está mostrando su fúnebre semblante: el de un Estado opresor y dictatorial que sólo trae ruina y desolación, y lo peor de todo es que trae un regalo envenenado para este 2021: que nuestro país acabe el año pareciéndose más a las pinturas negras de Goya que a la bucólica representación del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo. 

RAFAEL LÓPEZ: La muerte de España

Posted in RAFAEL LÓPEZ opina with tags , , on diciembre 11, 2020 by César Bakken Tristán

Inicio este artículo con un poderosísimo soneto del gran D. Francisco de Quevedo :

Mire los muros de la patria mía
si un tiempo fuertes, ya desmoronados 
de la carrera de la edad ya cansados 
por quien caduca ya su valentía. 

Salime al campo; vi que el sol bebía 
los arroyos del hielo desatados
y del monte quejosos los ganados 
que con sombras hurto su luz el día. 

Entre en mi casa ; vi que amancillada 
de anciana habitación eran despojos 
mi báculo, más corvo y menos fuerte. 

Vencida de la edad sentí mi espada 
y no hallé cosa en que poner los ojos 
que no fuese recuerdo de la muerte. 

El segundo terceto es sencillamente sublime, plasma con una aspereza y una desesperanza realmente desgarradoras la sensación de un país moribundo. Han pasado cuatro siglos desde que Quevedo escribió estos versos y, si viviera ahora, podría volverlos a escribir porque, por desgracia, tienen plena actualidad y vigencia.

La percepción de Quevedo fue fruto de un momento en el que España mostraba algunos signos de agotamiento en su reciente grandeza. En la actualidad, ya no existe nada de la grandeza de aquella época, y lo único, a nivel político, destacable de los últimos dos siglos y medio se remonta al régimen del General Franco, y ello con serias reservas. 

España es hoy un Estado fallido que lleva, casi medio siglo, languideciendo por culpa de los políticos, prácticamente todos ellos, corruptos, manirrotos, cobardes, criminales y traidores, y de una sociedad hundida en la más profunda degeneración moral. No, no existe grandeza alguna en el zaherido solar patrio, pero la descripción de Quevedo sería incluso más agria si viese que campan a sus anchas la mendacidad y la hipocresía, quienes tienen en esta desquiciada y criminal dictadura socialcomunista a su más ignominioso “paladín”.

Hasta ahora me venía refiriendo a este sanguinario y criminal malgobierno como socialpodemita, pero dado que a esa boñiga ególatra que se autoproclama “Presidente de España” le parece inadecuado, para su “exquisita sensibilidad”, el término socialcomunista, usaré esta última denominación, a partir de ahora “ad aeternum’.

Sin demérito del resto de grandes pintores españoles (que es lo mismo que decir mundiales) opino que ha sido D. Francisco de Goya quien mejor ha captado, no la imagen de España y los españoles sino su carácter, su esencia interior. Él vivió una época terrible (la invasión francesa) con la naturaleza humana llevada a sus límites de crueldad, heroicidad y ferocidad. También analizó, en muchas de sus obras, de una forma áspera y sin contemplaciones, la verdad de la sociedad en que vivió. 

Hace dos siglos que Goya pintó sus demoledores cuadros, escenas crueles y reales que, al paso que vamos, no creo que tardemos mucho en que se vuelvan a reproducir en España, porque el hambre ya asoma su fúnebre semblante por todos los rincones; y la ruina, la desesperación y los brutales agravios y felonías de los malvados son los heraldos de grandes males, porque en España la catarsis (purificación) de la sociedad la hemos realizado siempre, como en el cuadro de Goya,… a garrotazos.

España hiede a muerto que ofende, aunque no sintamos el olor porque, en mayor o menor medida, nos ha impregnado a todos. Este nauseabundo “aroma” atrae a los buitres que esperan aprovecharse de los exiguos despojos del titán que asustó al miedo, cristianizo el mundo y fijó los límites del orbe.