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ARTÍCULO: “Los tomates no son verdura y los cojones sí son huevos”

Posted in artículo-insulto with tags , , on enero 31, 2020 by César Bakken Tristán

En todas las fruterías-verdulerías de supermercado que he estado (que son casi todas), insto al empleado de turno ( catalogar de frutero -verdulero, que supone una especialización, a cualquier reponedor explotado es excesivo hasta para un ácrata como yo) a que me explique por qué en sus básculas el tomate aparece en el apartado verduras, cuando es una fruta. Ya en lo de otras frutas como los pimientos, calabacines, pepinos y etc. ni entro, es demasiado. Pero los tomates… ¡coño! , tan esféricos cual manzana o naranja, frutas que jamás estarían en el apartado “verduras”, ahí me cabreo. Porque las frutas son la parte de la planta que contiene las semillas. No hay más. Y, de verdad, no es tan difícil una vez que alguien te lo explica. Nadie nace sabiendo, salvo los que viven sin saber nada y, uniéndose entre ellos, adquieren la verdad absoluta sobre todo y todos.

Todavía catalogarlo de hortaliza… bueno, es igual de erróneo… pero como se cultiva en huertas, tiene un pase, sólo un pase ojo; en plan complaciente con el que comete el error.

No soy horticultor ni me estoy dirigiendo a ellos. Soy politólogo y estoy hablando de sociopolítica, ergo me dirijo a toda la población, ya que todos somos sujetos y objetos sociopolíticos.

Tampoco soy avicultor, que es el profesional que más huevos toca en su vida, pese a que los ovíparos sean muchas más especies, a parte de las aves, pero suele ser de estas de donde sacamos los huevos. Y al contrario que con el tomate y la verdura, los cojones sí son huevos; pues como sustantivo malsonante y vulgar un cojón es un testículo y un testículo es un huevo. Y para tocapelotas, yo (otro sinónimo de huevos…)

¿A qué viene hablaros de estas diatribas horti-ovo-lingüísticas?

Porque, parte de refrescaros conocimientos de cultura general de obligado cumplimiento, en Espena abundan los ignorantes que creen vendernos verduras cuando los que compramos sus tomates sabemos que son frutas. Abundan los ignorantes que creen que las palabras malsonantes y los vulgarismos denotan… cómo decirlo, un fascismo (el adjetivo más usado por estos lares, sólo superado como palabra por el sustantivo “gol”) que nos inhabilitan como personas y nos dotan de un odio por el cual hemos de ser apartados de la sociedad, si puede ser sin constantes vitales mejor que mejor, como a Víctor Lainez (la persona que fue asesinada por 4 psicópatas comunistas, en Zaragoza, y cuyo autor material del brutal crimen –dotado de nocturnidad y alevosía, además– ha salido de rositas y ha cambiado su pútrido aspecto físico por el hijo que todos los padres quieren, pese a que él sea un hijo de la gran puta, criminal reincidente además, e inmigrante. Pero ahí está su madre comunista chilena para dejar claro que pese a haber cambiado su horrendo aspecto de “antisistema”, siempre será ese hijo de puta que ahora pocos ven; y que está totalmente metido en el sistema, y por lo tanto se beneficia de sus viles injusticias. ¡Antisistemas que viven de la hostia en el sistema!).

A los españoles como Lainez se nos suele confundir como lo del tomate y los huevos, pero tenemos cojones y somos más sanos que la fruta. Así que, a ver si de una vez por todas, empezamos a salir de este cómodo estado vital de indolencia y llamamos a las cosas por su nombre. Y lo gritamos bien alto y claro. Pese a quien pese y pase lo que pase, porque si no, nuestra vida (que es algo que está muy por encima de cualquier país o ideología) no tendrá sentido, y lo que es peor todavía: valor (no de valentía, qué también, sino de validez).

Sabéis que por denunciar este tipo de abusos y demencias de los comunistas y sus adláteres: etarras, feministas, separatistas, moros, yihadistas, inmigrantes, delincuentes en general y de los no heterosexuales; han eliminado toda mi obra audiovisual de Internet (salvo dos canales inactivos que no han atisbado) y me han prohibido interactuar, de cualquier manera, por la red.

Bien, no hay problema, ese totalitarismo no me quita la vida, sólo la obstaculiza.

Sabéis que, antes de esto, la industria literaria y audiovisual también me vetó. Bien, no hay problema, ese totalitarismo no me quita la vida, sólo la obstaculiza.

Pero no todos sabéis que desde que tenía 16 años, por el hecho de lucir pequeños objetos, sobre todo indumentarios, con los colores de la bandera de España, me han intentado matar muchas veces, y otras muchas más me han insultado e intentado vejar, pues no veja el que quiere sino el que puede, y conmigo jamás pudieron, ni física ni intelectualmente; ni podrán. Y eso sí que me hubiera quitado la vida. Pero yo nunca fui Lainez, que en paz descanse, y jamás he bajado la guardia y pese a que me han enfrentado, a la vez, muchos más de 4 psicópatas, pero muchos más, aquí sigo escribiendo para que, de una vez por todas, alguien se dé cuenta de que el totalitarismo de esos fascistas desarrapados físicos y culturales, nos está matando a todos; de una manera u otra. Y no hay que consentirlo. No por España, no por ideología alguna –como insinué antes– sino por la vida del que, sin cometer ningún delito ni meterse con nadie, es un objetivo a exterminar por estos psicópatas de los cuales TODOS tenemos a alguno en nuestra vida cercana: familiar, laboral, de amistad o de las 3 cosas.

Basta ya. Decidles a la cara que con vosotros no cuenten para cometer sus psicopatías. Que si nos unimos unos cuantos sensatos y con cojones, no son nada ni serán nadie. Ni nos seguirán matando, ni agrediendo, ni violando, ni maltratando.

El primer paso es saber que el tomate es una fruta, pese a que os digan lo contrario. El intelecto es el estado vital donde toda inmoralidad encuentra su frontera. Pongamos fronteras a la barbarie, que alguien cultivado jamás podrá ser un asesino, salvo psicopatías aisladísimas inevitables, por aquello de la excepción a toda regla.

Por supuesto, no hablo en el puto lenguaje de género. Cualquier mujer que se precie de ser un ser humano (condición muy por encima del sexo genético o deseado) sabe que estoy hablando tanto de ellas como de ellos. Y ya hablar en lenguaje inclusivo… ¿qué tipo de demente hay que ser para pensar que se excluye a una mujer por utilizar el género masculino en el lenguaje, como género neutro al uso? Pues el mismo tipo que el que ahora usa el género femenino, hasta para hablar de los varones.