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ARTÍCULO-vídeo: “Mascotas, nulo civismo y maltrato animal.”.

Posted in ARTÍCULO-INSULTO with tags , , on mayo 7, 2020 by César Bakken Tristán

LEER EN “El Correo de España”: https://elcorreodeespana.com/opinion/370125725/Mascotas-nulo-civismo-y-maltrato-animal-Por-Cesar-Bakken-Tristan.html

 

Unas de las imágenes más entrañables que nos está dejando esta falsa pandemia son los dueños de perros urbanos, todos con salvoconducto para salir de casa a la hora que quieran y cuantas veces quieran. Yo que he estado en la calle en los momentos más estrictos del confinamiento, por motivos laborales unas veces y porque a mí nadie me mantiene en arresto domiciliario, he sido testigo de este momento estelar de nuestra decadente civilización, que es ver la calle, sobre todo por la noche, únicamente poblada de amos de perros (amén de los trabajadores “esenciales” como yo… y de los esbirros del sistema) . La dictadura de los incívicos amos de perros ha enseñado su músculo más que nunca. Jamás han estado tan ufanos de sacar a sus mascotas a jiñar y mear en la puerta del vecino y en todos los lugares callejeros imaginables. Paso de decir “deyecciones y micciones” como hacen las leyes que todos incumplen y que las Débiles del Orden no custodian como es su obligación (una más de las que incumplen) porque parece un blanqueo de sus guarradas. Verles pasear y jugar, impunemente, con sus bestias por zonas prohibidas para todos, como parques, plazas, jardines y etc. me ha emocionado, lo reconozco.

Me han entusiasmado las cientos de cagadas y las decenas de miles de meadas diarias y actualizadas rigurosamente cada día, en mi gueto (Hediondo Puente de Bellacos, Madrid) ante la pasividad policial, esa misma policía que caía como ninjas sobre peligrosísimos ciudadanos que iban por el campo o nadaban en el mar, en solitario; o que iban a la compra y no adquirían lo que la policía exigía como compra básica. Me he enamorado, una vez más, de esos dueños –y sobre todo dueñas, sigo siendo un romántico heterosexual – que nos enseñan el esfínter de su can defecando como quien hace churros en plena calle. ¡Ay! qué gratificante visión, sólo superada por la escatología que provocan los pocos amos que se agachan, meten el truño en una bolsa –que pagamos todo – y en vez de llevarla a casa y tirarla por su puto inodoro, la dejan junto a un árbol o dentro de una papelera para que ese aroma nos embriague. Todos menos ellos saben que un perro puede –y debe – hacer sus necesidades en la casa de su amo y que si alguna vez ocasional “le da un apretón” lo recogen y limpian. Punto. El problema es que actualmente hay más seres bípedos con cuadrúpedos que sin ellos… así que me temo que la batalla de la pulcritud, la higiene, el sentido común, el respeto y el civismo; la tienen más que ganada. En memocracia ganan las mayorías, que casi siempre son minorías aliadas, pero eso es otra historia. Eso sí, por quejarme que no quede, oye… ¡hasta ese grado de sometimiento podríamos llegar ya!

También les agradezco el estímulo a mi coordinación corporal sensitiva –ese frenesí neuronal – y el ejercicio físico al que me someten al caminar saltando para sortear las decenas de miles de residuos orgánicos que sus amadas bestias echan por todas las partes de la urbe (hay más meadas que puertas y ruedas de coche del vecino, no pueden hacerlo sólo ahí). Y, por supuesto, les agradezco que estimulen mi instinto avizor y de autodefensa para vigilar a sus bestias cuando caen sobre mí, pues suelen ir sueltas y sin bozal. ¡Toda una aventura selvática ir por la ciudad!

La insolidaridad, la falta de civismo y la hediondez son las características principales de esta parte del paisanaje, como vemos a diario. Pero hay otro problema añadido… la tortura animal que sus pobres bestias soportan, todo a cambio de comida. Por aquello de que una imagen vale más que mil palabras, dejo esto último para ser visto en un breve vídeo-poema mío, de hace 4 años. Fue censurado, junto al resto de mi canal de jewtube, y lo he vuelvo a subir porque está más vigente que nunca y, todo hay que decirlo, porque quiero volver a recibir los cientos de insultos y amenazas con las que me agasajaron en su día los torturadores de animales urbanos y de ciudadanos cívicos. Me gusta saber que, aunque sea por un minuto en su vida, piensan en mí, ya que el resto del tiempo no lo hacen, al seguir tornando mi ciudad en una cloaca que ríete tú del gallinero más infecto.

Hay amores que matan y amores que maltratan…

Decía Einstein: “(…) la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura”. Para mí, en los momentos de crisis es cuando lo peor, y los peores, se adueñan de todo y de todos. En nuestro caso con el congojavirus, tenemos: estado policial, poder omnímodo de los gobernantes, privilegios a fumadores y dueños de perros, desempleo, mala sanidad, anulación de la libertad, imperio de la falta de civismo, ruina económica, colapso del sistema educativo… ¿sigo, Sr. Einstein? No olvidemos que él era un genio científico y superdotado intelectual, y yo soy un gilipollas más… pero él era comunista e inventó la bomba atómica, y yo soy anticomunista y sólo he inventado recetas culinarias… Tal vez el mundo necesita más imbéciles como yo y menos genios como Einstein… pero a mí no me hagáis caso, que estoy loco.

VÍDEO:

https://cesarbakken.net/2016/09/07/video-versoma-seres-mios/

 

ARTÍCULO: “¿Planeta Azul o Planeta Zoo?

Posted in ARTÍCULO-INSULTO with tags , , on abril 27, 2020 by César Bakken Tristán

LEER EN “El Correo de España”: https://elcorreodeespana.com/caza-y-naturaleza/870006218/Planeta-Azul-o-Planeta-Zoo-Por-Cesar-Bakken-Tristan.html

 

Habitamos una gran canica azul, debido a la composición de la hidrosfera y la atmósfera, y –sobre todo – a las fotografías realizadas por los astronautas. Dado que el hombre es el factor principal de la ecuación: desconfía.

Voy a centrarme en la geosfera, precisamente lo que no aporta ese color azul… pero dota a nuestro planeta de su peor cualidad: ser un planeta zoo. Y lo es por la intervención directa e imprescindible del hombre, ese animal que transforma los ecosistemas y somete al resto de especies animales… especialmente a la suya propia. Subyugación que ha llegado a su paroxismo con el congojavirus. Este control mundial absoluto de la población es un totalitarismo que deja en púberes a Lenin, Stalin, Mao y compañía. La inmensa mayoría de los seres humanos son una suerte de animales de zoo y/o animales de compañía. Y lo mejor es que la mayor parte de esta inmensa mayoría desconocen que lo son. Porque para adquirir esta sapiencia hay que tener una estructura mental desarrollada, un intelecto por encima de la media y sobre todo una sensibilidad vital surgida de la libertad experimentada, no experimental. No es este un mero juego de palabras, sino 2 parámetros imprescindibles para construir el axioma vital de cualquier hombre. No parece tan difícil llegar a este grado de conocimiento, pero si lo tildo de sapiencia es, precisamente, porque lo es; y empieza a ser casi imposible, por cierto.

Todos los humanos tenemos mascotas o conocidos que las tienen. Todos hemos ido a un zoo, un circo o, cuanto menos, los conocemos y los legitimamos expresamente con nuestro aporte económico e impositivo y tácitamente con nuestra aquiescencia. Vemos normal y necesario sacar a un animal de su hábitat o directamente desnaturalizarlo. Sí, las mascotas son animales desnaturalizados a través de siglos de ingeniería social que empezó con el secuestro de unos cuantos y siguió con su reproducción masiva en cautividad. Los ejemplos más claros son gatos y perros domésticos, sobre todo los primeros, que al ser muchos de ellos todavía callejeros, son sistemática y legalmente secuestrados por bienhechores; y sometidos a las más certeras torturas de confinamiento desnaturalizador, que van desde su encierro en una caja durante meses, para aclimatarse a la cárcel de su bienhechor, hasta su castración o esterilización.

Pero el ser humano, debido a su cualidad de animal racional y de ser superior, ha optimizado todo este proceso de sometimiento animal y lo ha fagocitado haciendo de sus semejantes una especie animal más cercana a la mascota que al hombre. La paradoja es que ellos mismos tienen mascotas de otras especies. El plan perfecto: víctima y victimario en la misma persona.

Y aunque seamos una suerte de mascota, somos más bien cobayas de laboratorio y animales de tiro y carga. Sí, somos esclavos de nosotros mismos pero con la asunción de un rol de mascota, es decir, de agradecimiento a nuestro amo, pues es el ser omnipotente, omnisciente y redentor al cual debemos no sólo nuestra vida sino nuestra aparente felicidad, al igual que hace la mascota con su amo que le alimenta y le acaricia. El Estado es nuestro amo, pero sin llegar a definiciones complejas tipo Leviatán hobbesiano, sino a términos pueriles al alcance de todos, como el Gran hermano orwelliano. Necesitamos someternos a un fuerte poder protector, al igual que muchos necesitan someter a animales, domesticarlos y convertirse en su leviatán de andar por casa. “Introduzca su contraseña para proteger su seguridad” esta perla esclavizante y redundante me la suelta mi móvil todos los días. Y yo… introduzco la contraseña… porque si no, me quedo sin móvil. A ellos les da igual si yo creo estar seguro y protegido, lo que les importa es mi sumisión, y la tienen.

Esta dicotomía humana de ser víctima y victimario está nutrida colosalmente por una pírrica moral y una nula autoestima. Son victimarios creyendo hacer un bien –y de hecho aman a esos animales – y son víctimas creyendo recibir un bien –y de hecho aman a esos totalitaristas, les votan, les pagan impuestos, les idolatran, aspiran a ser como ellos y les aplauden –. No ha sido labor de un día este proceso deshumanizador. Abarca desde el primer cavernícola que aprendió a golpear a un coetáneo con un palo, hasta la última rueda de prensa que dé un Presidente de desGobierno, a colación del congojavirus.

“Persona humana” ya no es una tautología, sino un oxímoron. Traducido a los legos en retórica: somos una hediondez que merece extinguirse.

De momento, como esto no sucederá hasta dentro de miles de años, mi consuelo es saber que soy mortal y que algún día dejaré de introducir mi contraseña para proteger mi seguridad y de hacer el resto de obligaciones que el Leviatán me ofrece como un derecho, y hasta una virtud personal, para tenerme cada vez más enjaulado, física, moral y mentalmente.

Menos mal que, pese a todo, se puede vivir felizmente tras la asunción de todo lo que he desarrollado. Definitivamente, como ser único, individual e irrepetible que somos los humanos que asumimos nuestra condición servil, podemos intentar vivir al margen del sistema, para no perpetuarlo y, sobre todo, para gozar de esa libertad personal de actos y pensamientos que escapan del control del Estado. La cadena puede ser lo suficientemente larga como para creernos libres, si no aceptas sus reglas del juego; reglas que por ser tan conocidas no necesito relatar. Los libertos tenían todos marcas de latigazos en la chepa y de grilletes en las muñecas. Es mejor vivir con eso, pero en libertad aparente, que seguir esclavizado con manicura y una espalda bronceada en vacaciones.