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KAREN GARCÍA: Un día de locos.

Posted in Theatrum mundi KAREN GARCÍA with tags , , , , on mayo 5, 2021 by César Bakken Tristán

Ayer Dios me proveyó con un día de esos, redondos… pura comedia, pura función teatral… de primera.

Empieza la función encontrándonos, en una zona de acantilados y vistas al mar espectaculares, a un individuo (rubio nórdico, guapo, alto, y con ese nosequé que tienen los que son tan internacionales como la Agenda 2030) que se dobla sobre sí mismo y nos dice, en español con claro acento internacional (los más marcados que detecto, en francés e italiano), que está así, con la espalda doblada, porque le duele un montón y no se puede estirar.

Empezamos intercambiando frases (rápidamente pasamos al inglés, en el que él se siente más cómodo hablando –y para nosotros es también intrínseco- y nos empieza a contar que se está construyendo un catamarán de x x x metros de eslora, que se quiere echar a alta mar y seguir así, vagando, por el mundo, para no volver a ver a un ser humano nunca más. Porque no aparecen muchos grupos de gente normal, como nosotros, dice… (a nuestro alrededor, grupos de ‘WE’ o ‘walking eyes’ (nomenclatura que todavía no aparece en el diccionario Oxford, pero debería) deambulan de derecha a izquierda (sus caras, sin recibir la muy ansiada y necesitada vitamina D. Hoy Diógenes no podría espetarle a Alejandro Magno su atrevido: “apártate, que me tapas el sol”. Y es que, visto lo visto, yo también “busco un hombre honesto”, como el cínico perro-.

Pero la cosa se pone rara: el rubio políglota (tan rubio y tan o más políglota que nosotros –que también habla holandés y alemán con facilidad-) empieza a irse por los cerros de Úbeda en sus explicaciones: que si también es catedrático de Universidad; que si también está construyendo, aparte del catamarán, unas tablas de surf especiales con las que otros viajan por diferentes puntos de Europa… La cosa empieza a sonarnos muy rara… Y entonces, y solo entonces, aparece la respuesta: el guapo y orate individuo nos ofrece, a nuestro grupo humano, una cosa que tiene en su puño izquierda… “¿Queréis?” –nos dice-. Me acerco a mirar. ¿Será algo de comer? Y ahí están: los tornillos. Me ofrece uno y yo, pura cortesía, lo cojo… Está contento… Y, mientras, y en medio de la operación, más y más tornillos se le van cayendo de las manos mientras nos ofrece, dadivosamente, su regalo… ¿Quién fue el genio que sabía que a los locos le faltaban –o se le caían- los tornillos? Momento cumbre…

 Y llega ya el momento de cerrar la función, el humanoide que nos ha procurado tantas risas en esa conversación que se ha alargado durante ya demasiado tiempo y nos ha hecho interrumpir nuestra diversión por uno de esos ignotos confines del mundo, se quita la camiseta y nos dice: “Yo soy como El Hombre Pez, ¿conocéis la historia? ¿Os bañáis conmigo?” Y, sin que tuviéramos tiempo a reaccionar, se quitó la camiseta y –con vaqueros, aunque descalzo- se tiró por el acantilado: 10 metros por lo menos hasta la base del mar… Me pongo la mano en el plexo solar, convencida de que se había matado sin ninguna otra probabilidad y de que nos tocaba ahora llamar al servicio de emergencias a que vinieran a recoger, pronto, el cadáver del orate más feliz del mundo…

Pero no… el interfecto, tras unos cuantos segundos de angustia, emergió de las aguas en tono triunfal mientras nos gritaba: “los tornillos, se me han caído… ¡los tornillos!”

“Papillón” en su última huida hacia delante

La segunda parte de la cómica función del día de ayer se desarrolla en mi coche, mientras espero a que mis compañeros existenciales acarreen víveres en algún supermercado de cuyo nombre no quiero acordarme. En mi móvil, mato el tiempo echando un vistazo a un par de cosillas: el artículo de algún genio de la procacidad escrita, plasmada en un blog, etc… Y, cuando decido dejar el artefacto, el moviente, hago algo que suele ser habitual en mí: lo pongo en flight mode o modo avión. Lo introduzco dentro de mi bolso. Cierro. Miro al horizonte asfaltado, al parabrisas y estornudo. AAAAACHUUUUS! Y entonces, solo entonces, una voz femenina emerge clara y audible desde el fondo de mi bolso (apoyado en el asiento del copiloto): me dice: “lo siento. No puedo prestarle ayuda: ha puesto el móvil en modo avión”. ¡Dios mío, díos mío, diooooooooooooos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! El Gran Hermano está aquí, dentro, in, arriba, abajo, a izquierda y derecha. Agarro el móvil desconcertada (el móvil que está en modo avión y que me dice que, aunque me oye, no puede ayudarme en mi solicitud (aaaachuuuuús) porque le he puesto en modo avión. George Orwell… y ahora, ¿qué hago? Unos puntitos de colores, movientes, me indican que el artilugio sigue con la oreja puesta. Mis ojos, como platos. Yo no tengo puesto el asistente de voz de Google. Nunca lo he tenido. No digo nada. No estornudo más. Y escondo el hermano móvil en lo más profundo de mi bolso, en el bolsillo interior. Por supuesto, apagado.

Ya en compañía del único ser humano al que no se le ha resistido una máquina jamás, le cedo la bestia. Le cuento el caso. Lo coge. Lo manipula. Le da a todos los botones que yo sabía que existían, y a los que no. Mira, remira, teclea… “El asistente de voz está apagado”, sentencia. “Esto es increíble…”. Y entonces empieza la comunicación (hay que comprobar que nos oye de verdad). El humano que susurra a las máquinas se empieza a cabrear (esta es indomeñable): “Hjo puta, cabrón. Me oyes. Y voy a por ti”. (Nos reímos). El móvil repite, por escrito, las mismas palabras dichas por mi amigo. La máquina no se amilana. Nos insulta. “Te voy a desactivar, cabrón”. Y ahí que sigue escribiendo el interfecto artefacto las mismitas palabras (y es que no se amilana, donde las dan las toman y nos paga con la misma moneda).

Finalmente, tras unas cuantas investigaciones más (repito, supuestamente el modo “asistente de Google” estaba desactivado), mi amigo susurrador de artefactos, decreta… “Creo que ya está arreglado”.

Yo, no me lo creo.

Y aunque no he vuelto a escuchar a nadie que me hable cuando estoy a solas con la máquina, por si acaso, la máquina, el móvil, lo tengo en cuarentena… Lejos… No me cae bien y no me fío ya. Sé que tiene vida propia e intuyo –solo intuyo- que está vivo, latente, como una bestia monstruosa que quiera volver a la vida en cualquier momento. Ya sea en modo “natural”, “avión”, o incluso “apagado…” (¡Que espíe a su madre, el muy carbón!). Las intuiciones… fíate de ellas.

Y la tercera y definitiva sesión (punto culminante) de la función cómica de ayer fue el visionado de la “comedia internacional del mundo” (alguna cosa tiene que tener ser políglota e internacional. Y es que así la comedia no tiene límites, es a lo grande).

  • Noticias de Francia: se va a prohibir el uso de aviones para los viajes que puedan realizarse en tren en tiempo inferior a 2,5 horas. Así que ya sabe: coja el tren, o el bus o coche. O a dedo. El cambio climático hay que pararlo. ¿Supondrá eso en España –cuando las barbas de tu vecino veas mojar… -que el trayecto de Madrid-Barcelona solo se podrá hacer vía AVE (ese trayecto dura eso mismo: 2,5 horas)?
  • Noticias de UK: el cambio climático es, también, irreversible. En la pantalla se ve un cronómetro o cuenta atrás del tiempo que falta para que la temperatura del mundo suba 1,5ºC: son exactamente (dice al tiempo de mi visionado): 11 años, 6 meses, 7 días y 23 segundos. Y sigue bajando la cuenta atrás. Tic tac tic. Agárrense los cinturones, que esto se pone caliente. Y lo tienen cronometrado, por segundo… ¡Genios…!
  • Noticias de la República de Irlanda: se busca perseguir a los jóvenes irresponsables que hacen fiestas en la playa (juas juas juas juas y rejuás. ¡Fiestas en las ventosas y congelantes playas de Irlanda!). Se han puesto cartelitos por las calles con números de teléfono para que denuncies (perdón, quería decir, para que evidencies) a los malditos jóvenes que, dicen, hacen unas fiestas de la rehostia y son el colapso de la economía del país… puesto que al virus de las pelotas (ustedes esto ya lo sabían, claro) les encantan las fiestas de los jóvenes, los abrazos, besos, la familia, los amigos… y los trabajos –sobre todo si son relacionados con la hostelería y el buen vivir– , varios.

La siguiente noticia de dicho país es que los ‘homeless’ o sin techo se multiplican como hongos. Veo cientos de tiendas de campaña de todo tipo de personas (familias incluidas (, malviviendo, en el centro de Dublín. Se me caen las lágrimas. Dicen que todo es “por el virus de las ventosas verdes”. Me entero –no lo sabía- de que siguen sin dejar abrir los comercios del país (los comercios de ropa, etc… todo, cerrado). Se estima que hasta 1/3 de los comercios de la calle más importante, comercialmente, del país, no podrán volver a abrir, hechas las cuentas, cuando les dejen

Vergüenza. Vergüenza y más vergüenza.

  • Noticias de USA: se están produciendo unos “ataques energéticos” a miembros del Congreso y en el Senado en USA. Se trata de una situación incomprensible y nunca vista (dice el presentador de la CNN). Nadie sabe quién o qué (recalco, quién o qué) pueden ser los causantes de dichas acometidas. Piensan que Cuba podría estar detrás (más risas, la función llega al paroxismo). Pero piensan también que los hechos escapan a su comprensión (Scully y Muller, ¿a qué esperáis para empezar a investigar este Súper Expediente X?).

Se me ocurren 2 opciones para esta (surrealista) noticia, en prime time en uno de los canales más vistos de la televisión americana: o tienen ya a punto el Proyecto Blue Beam (más información, usted mismo), o piensan dar y repartir –y no precisamente pan- a los peligrosísimos cubanos salseros de su corazón…

La función del día, espectacular. Las entradas, agotadas. Gracias (¡gracias!) por el show.